27 de mayo de 2022

Radio Republicana

Siéntate y mira cómo se suicida Europa

La competencia de Washington con la potencia emergente Rusia es tan feroz que está dispuesta a sacrificar a Europa.

Si el objetivo de Estados Unidos es aplastar la economía rusa con sanciones y aislamiento, ¿por qué Europa está en caída libre económica?

Por Pepe Escobar, The Cradle.

El asombroso espectáculo de la Unión Europea (UE) haciéndose el harakiri a cámara lenta es algo para la posteridad. Como un remake barato de Kurosawa, la película trata en realidad de la demolición de la UE por parte de Estados Unidos, junto con el desvío de algunas exportaciones de productos básicos rusos a Estados Unidos a expensas de los europeos.

Ayuda tener una actriz de quinta columna estratégicamente colocada -en este caso la asombrosamente incompetente jefa de la Comisión Europea, Ursula von der Lugen- con su vociferante anuncio de un nuevo y aplastante paquete de sanciones: Prohibición de entrada a los puertos de la UE a los barcos rusos; prohibición de entrada a la UE a las empresas de transporte por carretera de Rusia y Bielorrusia; no más importaciones de carbón (más de 4.400 millones de euros al año).

En la práctica, esto significa que Washington está sacudiendo a sus clientes/títeres occidentales más ricos. Rusia, por supuesto, es demasiado poderosa para ser desafiada directamente en el plano militar, y Estados Unidos necesita urgentemente algunas de sus exportaciones clave, especialmente de minerales. Por lo tanto, los estadounidenses empujarán a la UE a imponer sanciones cada vez mayores que colapsarán deliberadamente sus economías nacionales, mientras que permiten a los EE.UU. quedarse con todo.

Las consecuencias económicas catastróficas que se avecinan serán percibidas por los europeos en su vida cotidiana (pero no por el cinco por ciento más rico): la inflación devorará los salarios y los ahorros; las facturas de energía del próximo invierno tendrán un gran impacto; los productos desaparecerán de los supermercados; las reservas de vacaciones apenás se moverán. Le Petit Roi de Francia, Emmanuel Macron -quizás enfrentándose a una desagradable sorpresa electoral- ha llegado a anunciar: “cupones de comida como en la Segunda Guerra Mundial son posibles”.

Tenemos a Alemania enfrentando el regreso del fantasma de la hiperinflación de Weimar. El presidente de BlackRock, Rob Kapito, dijo en Texas que “por primera vez, esta generación va a entrar en una tienda y no va a poder llevarse lo que quiere”. Los agricultores africanos no pueden permitirse ningún tipo de fertilizante este año, lo que reduce la producción agrícola en una cantidad equivalente a la alimentación de 100 millones de personas.

Zoltan Poszar, antiguo gurú de la Reserva Federal de Nueva York y del Tesoro de Estados Unidos, actual gran visir de Credit Suisse, ha estado en una racha, subrayando cómo las reservas de materias primas -y, aquí, Rusia no tiene rival- serán una característica esencial de lo que él llama Bretton Woods III (aunque, lo que están diseñando Rusia, China, Irán y la Unión Económica de Eurasia es un post-Bretton Woods).

Poszar señala que las guerras, históricamente, las ganan los que tienen más suministros de alimentos y energía, en el pasado para alimentar a los caballos y a los soldados; hoy para alimentar a los soldados y alimentar los tanques y los aviones de combate. China, por cierto, ha acumulado grandes reservas de prácticamente todo.

Poszar señala cómo nuestro actual sistema de Bretton Woods II tiene un impulso deflacionario (globalización, comercio abierto, cadenas de suministro justo-a-tiempo) mientras que Bretton Woods 3 proporcionará un impulso inflacionario (desglobalización, autarquía, acaparamiento de materias primas) de las cadenas de suministro y un gasto militar adicional para poder proteger lo que quedará del comercio marítimo.

Las implicaciones son, por supuesto, abrumadoras. Lo que está implícito, ominosamente, es que este estado de cosas puede llevar incluso a la Tercera Guerra Mundial.

¿Rublogas o GNL americano?

La mesa redonda rusa Valdai Club ha llevado a cabo un debate de expertos esencial sobre lo que en The Cradle hemos definido como Rublogas – el verdadero cambio de juego geoeconómico en el corazón de la era post-petrodólar. Alexander Losev, miembro del Consejo de Política Exterior y de Defensa de Rusia, ofreció los contornos de la Gran Imagen. Pero le correspondió a Alexey Gromov, Director de Energía del Instituto de Energía y Finanzas, presentar los detalles cruciales.

Hasta ahora, Rusia vendía a Europa 155.000 millones de metros cúbicos de gas al año. La UE promete retóricamente deshacerse de él para 2027, y reducir el suministro a finales de 2022 en 100.000 millones de metros cúbicos. Gromov se preguntó “cómo”, y comentó que “ningún experto tiene respuesta”. La mayor parte del gas natural de Rusia se transporta por gasoductos. Esto no puede sustituirse simplemente por Gas Natural Licuado (GNL)”.

La risible respuesta europea ha sido “empezar a ahorrar”, como en “prepararse para estar peor” y “reducir la temperatura en los hogares”. Gromov señaló cómo, en Rusia, “22 a 25 grados en invierno es la norma. Europa promueve los 16 grados como algo “saludable”, y el uso de suéters por la noche”.

La UE no podrá obtener el gas que necesita de Noruega o Argelia (que privilegia el consumo interno). Azerbaiyán podría suministrar como mucho 10.000 millones de metros cúbicos al año, pero “eso tardará dos o tres años” en producirse.

Gromov subrayó cómo “no hay excedente en el mercado actual de GNL de Estados Unidos y Qatar”, y cómo los precios para los clientes asiáticos son siempre más altos. La conclusión es que “a finales de 2022, Europa no podrá reducir significativamente” lo que compra a Rusia: “podrían recortar en 50.000 millones de metros cúbicos, como máximo”. Y los precios en el mercado al contado serán más altos: al menos 1.300 dólares por metro cúbico.

Un hecho importante es que “Rusia ya ha cambiado las cadenas de suministro logístico a Asia”. Eso se aplica también al gas y al petróleo: “Se pueden imponer sanciones si hay un excedente en el mercado. Ahora hay una escasez de al menos 1,5 millones de barriles de petróleo al día. Enviaremos nuestros suministros a Asia, con un descuento”. En la actualidad, Asia ya está pagando una prima, de 3 a 5 dólares más por barril de petróleo.

Sobre los envíos de petróleo, Gromov también comentó el tema clave de los seguros: “Las primas de los seguros son más altas. Antes de Ucrania, todo se basaba en el sistema Free on Board (FOB) (“Libre a bordo, puerto de carga convenido” en castellano). Ahora los compradores dicen ‘no queremos correr el riesgo de llevar su carga a nuestros puertos’. Así que están aplicando el sistema de Coste, Seguro y Flete (CIF), en el que el vendedor tiene que asegurar y transportar la carga. Eso, por supuesto, repercute en los ingresos”.

Una cuestión absolutamente clave para Rusia es cómo hacer la transición a China como su principal cliente de gas. Todo gira en torno a Poder de Siberia 2, un nuevo gasoducto de 2.600 km con origen en los yacimientos rusos de gas de Bovanenkovo y Kharasavey en Yamal, al noroeste de Siberia, que no alcanzará su plena capacidad hasta 2024. Y, primero, hay que construir el interconector a través de Mongolia – “necesitamos 3 años para construir este gasoducto”-, por lo que todo estará en marcha sólo hacia 2025.

En cuanto al gasoducto de Yamal, “la mayor parte del gas va a Asia. Si los europeos no compran más, podemos redirigirlo”. Y luego está el proyecto GNL Ártico 2, que es aún mayor que el de Yamal: “la primera fase debería estar terminada pronto, está lista en un 80%”. Un problema adicional pueden plantear los países “no amigables” con Rusia en Asia: Japón y Corea del Sur. Las infraestructuras de GNL producidas en Rusia siguen dependiendo de tecnologías extranjeras.

Eso es lo que lleva a Gromov a señalar que “el modelo de economía basado en la movilización no es tan bueno”. Pero eso es lo que tiene que afrontar Rusia, al menos a corto y medio plazo.

Los aspectos positivos son que el nuevo paradigma permitirá “más cooperación dentro de los BRICS (las economías emergentes de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica que se reúnen anualmente desde 2009)”; la expansión del Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC); y más interacción e integración con “Pakistán, India, Afganistán e Irán”.

Sólo en lo que respecta a Irán y Rusia, ya se está trabajando en intercambios en el Mar Caspio, ya que Irán produce más de lo que necesita, y está dispuesto a aumentar la cooperación con Rusia en el marco de su asociación estratégica reforzada.

Geoeconomía hipersónica

Le correspondió al experto chino en energía Fu Chengyu ofrecer una explicación concisa de por qué el impulso de la UE de sustituir el gas ruso por el GNL estadounidense es, bueno, una quimera. Esencialmente, la oferta estadounidense es “demasiado limitada y demasiado costosa”.

Fu Chengyu mostró que es un proceso largo y complicado que depende de cuatro contratos: entre el promotor del gas y la empresa de GNL; entre la empresa de GNL y la empresa compradora; entre el comprador de GNL y la empresa de carga (que construye los buques); y entre el comprador y el usuario final.

“Cada contrato”, señaló, “tarda mucho tiempo en terminarse. Sin todos estos contratos firmados, ninguna parte invertirá, ya sea en infraestructuras o en el desarrollo de campos de gas”. Así que la entrega real de GNL estadounidense a Europa supone que todos estos recursos interconectados están disponibles – y se mueven como un reloj.

El veredicto de Fu Chengyu es tajante: esta obsesión de la UE por deshacerse del gas ruso provocará “un impacto en el crecimiento económico mundial, y una recesión. Están presionando a su propio pueblo, y al mundo. En el sector energético, todos saldremos perjudicados”.

Fue bastante esclarecedor yuxtaponer las turbulencias geoeconómicas que se avecinan -la obsesión de la UE por prescindir del gas ruso y la aparición del Rublogas- con las verdaderas razones de la Operación Z en Ucrania, completamente ocultas por los medios y analistas occidentales.

Un viejo profesional del Estado profundo estadounidense, ahora retirado, y bastante familiarizado con el funcionamiento interno de la antigua OSS, la precursora de la CIA, hasta la demencia neocon de hoy, proporcionó algunas ideas aleccionadoras:

“Todo el asunto de Ucrania tiene que ver con misiles hipersónicos que pueden llegar a Moscú en menos de cuatro minutos. Estados Unidos los quiere allí, en Polonia, Rumanía, los Estados Bálticos, Suecia, Finlandia. Esto es una violación directa de los acuerdos de 1991 de que la OTAN no se expandirá en Europa del Este. Los Estados Unidos no tienen misiles hipersónicos ahora, pero deberían tenerlos dentro de uno o dos años. Esto es una amenaza existencial para Rusia. Así que tuvieron que entrar en Ucrania para detener esto. Lo siguiente será Polonia y Rumanía, donde se han construido lanzadores en Rumanía y se están construyendo en Polonia”.

Desde una perspectiva geopolítica completamente diferente, lo que es realmente revelador es que su análisis coincide con la geoeconomía de Zoltan Poszar: “Estados Unidos y la OTAN son totalmente beligerantes. Esto representa un peligro real para Rusia. La idea de que la guerra nuclear es impensable es un mito. Si se observa el bombardeo de Tokio frente al de Hiroshima y Nagasaki, murieron más personas en Tokio que en Hiroshima y Nagasaki. Estas ciudades fueron reconstruidas. La radiación desaparece y la vida puede reiniciarse. La diferencia entre el bombardeo y el bombardeo nuclear es sólo la eficiencia. Las provocaciones de la OTAN son tan extremas que Rusia tuvo que poner sus misiles nucleares en alerta. Esto es un asunto gravemente grave. Pero EEUU lo ignoró”.


Publicado el 7 de abril de 2022 en The Cradle. Traducción: Indymedia Argentina.
Fuente: https://thecradle.co/Article/columns/8853

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