27 de septiembre de 2022

Radio Republicana

Alejandro Torrús: “La fuga de presos del Fuerte San Cristóbal sucedió en 1938, pero todavía es presente”

Alejandro Torrús, autor de 'La gran evasión española'.

El 22 de mayo de 1938, 795 presos escapaban del penal del Fuerte de San Cristóbal, en Navarra. Entre sus muros, se amontonaban 2.500 hombres, entre los cuales había presos políticos y prisioneros de guerra. Un pasaje histórico formidable que supuso un fuerte impacto para las autoridades franquistas. El periodista y especialista en memoria democrática, Alejandro Torrús (Elche, 1987) lo narra a la perfección en el libro La gran evasión española (SineQuanon, 2022). Torrús, que actualmente es el jefe de Opinión de este periódico, combina el rigor histórico con un estilo dinámico y directo para acercar la historia de aquellas personas que la historia ha tratado de ocultarlas en el olvido. Tan solo tres de los fugados consiguieron llegar a Francia. Muchas historias, por lo tanto, que merece la pena rescatar.

La fuga del penal del Fuerte de San Cristóbal es un episodio fascinante de la Guerra Civil española. ¿Por qué escribir sobre este y no otro?

Esta es una historia que empecé a trabajar en 2013 con las noticias de las primeras exhumaciones alrededor del Fuerte San Cristóbal, ahí es cuando fui conociendo la magnitud de la fuga. Ya tenemos una película muy famosa, que es La Gran Evasión, que ocurre en la Segunda Guerra Mundial. Prisioneros británicos y estadounidenses huyendo de las autoridades nazis, una película que marcó una generación, que es muy conocida, que está muy bien contada. Pero al conocer esta historia, empiezas a plantearte por qué nosotros no estamos contando nuestra historia, la historia de los héroes de la Guerra Civil española.

Y entonces, a partir de ahí, investigando, te das cuenta de la magnitud: estamos hablando de una prisión con más de 2400 presos, de los que 795 deciden escaparse. Una cantidad terrible de hombres, de personas que prefieren poner su vida en riesgo, a sabiendas de que era muy complicado llegar a un final feliz, a continuar sufriendo los malos tratos y vejaciones de las autoridades franquistas. Me parecía que había mucho que contar, muchas vidas que recuperar y muchas historias de vida que narrar.

Cuando hablamos de 795 personas, el dato solo puede tapar la vida humana que hay detrás. Entonces, el reto era mostrar que esas795 personas tenían una historia detrás, una familia, unas aspiraciones de vida y que ninguno de ellos, en ningún momento, pensó que por hacer activismo político podía acabar en un penal, en una prisión, sufriendo aquellas condiciones de vida. El objetivo era hacer un libro con historias de vidas y ponerlas en común en un mismo relato.

Es un hito histórico desconocido para buena parte de la sociedad española. ¿A qué se debe?

Es tan sencillo como que los españoles no conocemos nuestra historia reciente. Esto lo hemos dicho mil veces, se ha contado mil veces, pero la temática de los institutos termina cuando empieza la Guerra Civil o se estudia la Guerra Civil como una sucesión de batallas y no como un golpe de estado contra un gobierno legítimo. Después tenemos un hueco enorme que es la dictadura franquista, para volver al final a contarnos un poquito de la Constitución y poco más. No conocemos nuestra historia, no conocemos lo que sucedió durante tres años de Guerra Civil y, como consecuencia de ello, se olvidan historias tan tremendas como la gran fuga del Fuerte San Cristóbal, en Pamplona.

¿De qué huía tanta gente al mismo tiempo? Se organizaron, evidentemente, para fugarse de la prisión. ¿Había un objetivo político detrás?

El motivo por el cual 795 personas deciden tomar el fuerte y salir y huir es uno de los temas que más debates ha creado a lo largo de años. Existe la teoría de que había motivos políticos, algunos de los presos organizados creían que iba a haber armas en el exterior del fuerte y que podían tomar la ciudad de Pamplona y crearle un nuevo frente de guerra a Franco, de espaldas a la batalla del Ebro, que era la batalla crucial de la Guerra Civil española. Leyendo los testimonios, las memorias, hablando con familias de supervivientes, lo que otros historiadores e investigadores han ido publicando… creo que esta tesis queda descartada por otra que es mucho más humana: huían de los malos tratos, de la tortura, de la vejación, de un lento morir.

Estar en el Fuerte San Cristóbal era sinónimo de muerte. Era un ‘tarde o temprano vas a morir’ cada cada semana, cada quince días aparecían cadáveres en las celdas. Entonces, en el momento en el que un grupo de prisioneros toma el fuerte abre las verjas y gritan “las puertas están abiertas, el que quiera salir, que salga”, 795 de ellos prefirieron jugarse la vida a cara o cruz que seguir sufriendo y aguantando esas vejaciones y ese lento caminar hacia la muerte que era ser prisionero en el Fuerte de San Cristóbal.

¿Y cuántas personas lograron  su objetivo de huir del fuerte con vida?

De los 795 presos que escapan, que esté documentada su llegada a Francia, hay tres, que son Jovino Fernández, Valentín Lorenzo y José Marinero. El investigador Fermín Ezkieta sigue la pista a un cuarto, él tiene fuentes de que una persona visitó Pamplona y habló con gente del lugar y dijo que él había estado ahí y que consiguió escapar. Sin embargo, de esta persona desconocemos el nombre y, por tanto, no se puede contar. Hay que seguir investigando para saber si esa persona realmente estuvo en el fuerte o no. Y ahí está Fermín Ezkieta, que él siempre repite que una investigación nunca termina, simplemente se abandona.

Estoy convencido de que él seguirá investigando, pero, hoy por hoy, los datos son 795 presos que escaparon, tres que consiguieron tener éxito, 14 que fueron fusilados tras un consejo de guerra, 206 que murieron abatidos y alrededor de 150 presos que siguen estando en paradero desconocido en algún paraje de las tierras que separan Pamplona de Francia.

¿Cómo ha sido el proceso de documentación para escribir este libro?

Esto lo cuento en el prólogo. Mi objetivo, por supuesto, que el libro esté documentado a través de la investigación de Fermín Ezkieta, de Félix Sierra, Iñaki Alforja, de Guerrero, de Jacobo Vasco… Había muchas investigaciones, muchas memorias. Y la investigación de Amaia Kowasch sobre el papel de las mujeres para mantener con vida a los hombres que están dentro de las prisiones. Es tremendamente impresionante, un trabajo descomunal.

Entonces, el reto era intentar hacer un relato que aúna todos esos libros e intentar transmitirlo al lector de una manera que se alejara del lenguaje habitual de un libro de historia, de un libro de memoria, y que se convirtiera más en un libro de acción. Un libro en movimiento con la idea de divulgar. Hay mucha gente que conoce la historia del Fuerte de San Cristóbal y a esa gente quizá no le podemos aportar nada. El objetivo es otro, las miles de personas que tienen ganas, hambre de conocer su historia, y no tienen manera. Hacer un libro que sea fácil de leer, que sea ligero, que aglutine la información que ya está y darle una nueva narrativa.

¿Qué testimonios son los que más le han llamado la atención de todos los que ha conocido para el libro? 

Hay historias que son que son tremendas. Primitivo Miguel Frasecilla es uno de los presos que fue fusilado tras un consejo de guerra y sigo su historia a través de su nieto, que es Carlos Miguel Martínez, que vive en Nueva Zelanda. La historia de Primitivo Miguel Frasecilla es alucinante, él es un residente en A Coruña que intenta la fuga, lo detienen y lo fusilan. Cuando su mujer se entera de que su marido ha sido fusilado lo que hace es, directamente, lanzarse al mar con uno de sus pequeños, que nunca había conocido a su padre, en brazos.

Unos marineros consiguen salvar la vida de la mujer y del niño pero, desgraciadamente, la mujer, por diferentes problemas, fallece poco tiempo después. De tal manera que hay tres niños, los niños de Primitivo y su mujer, huérfanos. Carlos vive en Nueva Zelanda porque su padre emigró a Nueva Zelanda y cuando conoce la historia de su familia se queda fascinado. A mí me me parece tremenda su historia, porque lo que hace es irse a Coruña y se hace el camino andando desde Coruña a Pamplona. En Pamplona, va al osario común donde se supone que descansan los restos mortales de su bisabuelo, coge una muestra, se va hasta Francia andando y le dice abuelo, “has llegado, estás en Francia” y de ahí se vuelve hasta Coruña andando y deposita ese trozo de tierra que simboliza los restos de su abuelo junto a su abuela y dice “ahora has terminado el camino, ahora has conseguido llegar a Francia y ahora estás con tu familia”.

Es bellísimo, porque el objetivo de Carlos no era ni siquiera político, no es una reivindicación sobre el discurso de la memoria o una reivindicación de las heridas abiertas o la necesidad de hacer políticas de justicia, verdad, reparación. Es la historia de que él necesitaba que su abuelo tuviera un final, un un descansar en paz. Y su manera es hacer lo que en el libro llamó ‘el camino de Primitivo’, recorrer todas las etapas que Primitivo tenía que haber recorrido para recuperar su libertad y para volver de donde nunca tenía que haber salido, de su hogar.

Hay otra historia en el libro… La de Paula que, gracias a Paulina, encuentra a Leoncio.

Si, esta historia es es alucinante. La recogimos en Público hace un par de años y es gracias al trabajo del Instituto Navarro de la Memoria. Paulina es una mujer de 92 años. Un día, en la comida, sorprende a su familia señalando que en el pueblo, en las afueras del cementerio, hay una fosa con cuatro fusilados. Entonces la familia se quedó sorprendida de su abuela. “¿Pero cómo nos dices esto ahora? ¿Cómo sabes tú eso?” Y Paulina lo cuenta. “Lo sé porque lo vi, porque salí del cole, escuché revuelo, mi amiga y yo nos acercamos y vi a mi padre cavar una tumba, una fosa donde metían cuatro hombres, dos hombres para allá, dos para acá. Dos hombres mirando a tierra, dos hombres mirando al cielo. Y esa es una imagen que no me ha podido olvidar”.

Entonces, gracias al testimonio de Paulina, en esta concatenación, Paula, otra mujer nonagenaria que llevaba años buscando a su a su padre, consigue identificar los restos de Leoncio de la Fuente. Leoncio de la Fuente era un preso del Fuerte San Cristóbal que una vez vio las puertas abiertas, decidió salir, decidió buscar la libertad y no lo consiguió. Pero es que Paula, la hija de Leoncio, había vivido toda la vida con la idea de que su padre las abandonó. Porque, incluso después de ser asesinado, las autoridades franquistas insistían en que a su padre le habían dado la libertad y que no había vuelto a casa, que a lo mejor tenía otra familia. Paula le buscaba toda la vida y su nieta Beatriz lo relata estupendamente.

Encontrar el cuerpo, saber que su padre fue fusilado y que fue fusilado mientras intentaba regresar a su casa, para Paula fue un descanso. Fue poder desterrar la idea de que su padre no la quería, que le había abandonado. Eso era cerrar heridas. Por eso digo que el Fuerte San Cristóbal es una fuga que sucede en 1938, pero que sigue siendo presente. 

La fuga del fuerte San Cristóbal es una historia que sucede en 1938 y que podríamos pensar que forma parte de un pasado olvidado, que no afecta a nadie, pero la historia de Paula y de Paulina, y de Carlos, y de tantos nietos y bisnietos que siguen buscando a sus abuelos, que siguen intentando unir los las piezas del puzzle de su familia e incluso entender el carácter de su abuela. Por qué a su abuela no le gusta que la mesa se hable de política, por qué su abuela manda a callar cada vez que hay una discusión política y le aterroriza esa idea. Eso permite decir que esta historia sucede en 1838, pero que sigue teniendo repercusiones en el presente. No es una historia del pasado, es una historia del presente, aunque hayan pasado 80 años desde entonces.

Durante años  ha hecho información sobre sobre la memoria en ‘Público’. ¿Por qué es importante informar sobre sobre el pasado?

Bueno, cuando yo empecé a hacer temas de memoria histórica, allá por 2011 o 2012, había una idea que que en su momento se habló con el que era mi jefe, que era Juan Carlos Escuder, que no paraba de ver noticias sobre exhumaciones, pero solo conocíamos números y números.  Se suman cuatro cadáveres, cinco cadáveres o cinco víctimas de la guerra civil. Y creíamos que eso era reducir la información relativa a la memoria al número de cuerpos que se consiguen recuperar, era darle la victoria al régimen franquista porque al final había conseguido enterrar esas vidas.

Entonces, cambiamos el objetivo. El objetivo para la información relacionada con la memoria era recuperar esas vidas, de esos mineros, de esos zapateros, agricultores, jornaleros, maestros, abogados… que hicieron activismo político durante su vida y que, sin esperarlo, vieron como hubo un golpe de Estado que iba declarado contra ellos, contra sus condiciones de vida, contra sus ideas y con la idea de exterminarlos.

Entonces, reducir a estas personas a un número… Era una necesidad de recuperar historias de vida y referentes, poder mirar hacia nuestro pasado, encontrar modelos de conducta, encontrar modelos de lucha, encontrar gente que nos inspire con la idea de que ningún derecho está conquistado para siempre. Todos los derechos están siempre en disputa. La lucha de clases existe. La lucha por recortar nuestros derechos existe y hay que mantener la batalla siempre, siempre encima del tapete. Recuperar las historias de vida de las víctimas de la Guerra Civil era un estímulo para seguir luchando por los derechos y por una España más democrática, más plural, más diversa, con más derechos.

Para terminar, cuenta cómo en una visita al Fuerte de San Cristóbal con un familiar de un desaparecido, a una de las personas no le dejaban entrar por llevar una camiseta republicana de ‘Público’, precisamente.

Esto sucedió, si no recuerdo mal, en septiembre de 2021. Se consiguió identificar los restos de una persona fallecida en la huida al Fuerte San Cristóbal y el Instituto Navarro de Memoria organizó una visita al fuerte a la que a la que se me invitó, iban también familiares de esa persona fallecida junto a un representante de una asociación de memoria local del pueblo de Dueñas, de donde pertenecía esta víctima. Esta persona llevaba una camiseta de Público, si no recuerdo mal, de ya hace 10 años, que el periódico regalaba a sus lectores, la cual llevaba una estrella con los colores de la república.

Cuando fuimos a entrar, el militar responsable, porque el Fuerte de San Cristóbal pertenece al ejército, le dice que con símbolos anticonstitucionales no se puede entrar porque eso es un edificio oficial. Y la sorpresa de todos fue mayúscula, la bandera tricolor puede ser muchas cosas, pero anticonstitucional no lo es. Entonces, se le intentó explicar al mando militar que una bandera de la república no iba contra la Constitución, que, muy al contrario, era la bandera de la primera experiencia democrática que tenía el Estado español. Fue como hablar con un muro, la orden era clara. Finalmente, esta persona, para poder entrar al fuerte, tuvo que darle la vuelta a la camiseta y entrar vestido de negro.

Esto, que no es más que una anécdota, refleja muy bien cuál es la situación de la memoria democrática en este país, donde unos familiares o una asociación memorialista que van a visitar el lugar del que huía su familiar por defender la República tienen que ocultar los colores de la República. En 2021, eso refleja que aún hay mucho camino por recorrer y que sigue siendo necesaria esta lucha por reivindicar la primera experiencia democrática en España.

La gran evasión española.
La desconocida historia de una de las mayores fugas carcelarias de Europa.
Torrús, Alejandro

Vía público.es

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