30 de noviembre de 2021

Radio Republicana

Organizar el aire: Conversación ficticia entre Marx y un amigo negativo sobre los horizontes de la revolución

CONSTANTINO BERTOLO, ESCRITOR y AGITADOR CULTURAL ESPAÑOL

Hola, Menos, ¿qué te cuentas?

—Hola, Marx, pues por contar solo cuento los días que pasan y pasan y la revolución que nunca llega.

—Es que la revolución no llega, hay que hacerla.

—Sí, pero leyéndote parecía que era algo inminente además de inevitable.

—¡Ay, Menos! Más parece que me has leído más de oídas que otra cosa. No recuerdo haber ejercido nunca de profeta ni he escrito biblias o catecismos. Lo que dije es que la lógica del capitalismo llevaba implícita su propia extinción, no que de su agonía o muerte fuera a brotar de manera espontánea la revolución.

—¿Y lo de socialismo o barbarie?

Eso lo dijo la camarada Rosa Luxemburgo, y estoy bien de acuerdo con ella. Hoy, como siempre, nos movemos en el mismo dilema: avanzar hacia el socialismo o caer en la barbarie. Y lo terrible es que muchas veces parece que nos estamos encaminando hacia ella.

—¿Te has vuelto agorero?

—Para nada, sigo creyendo en el socialismo y la revolución y en que la lucha de clases es la partera de la Historia. No la madre o el padre, la partera. Engendrar la revolución es la tarea del proletariado.

—Pero eso del proletariado parece ser un concepto obsoleto.

—Sí, al parecer las sardinas salen solas del mar, se meten en las latas de conservas y conducen los camiones de reparto.

—Lo de los camiones sin conductor parece ser cosa de pasado mañana.

—Y caídos del cielo sin que nadie los fabrique, supongo.

—Los robots.

—El milagro económico de la producción ex nihilo. El capitalismo convertido en Dios creador. Como si la relación entre plusvalía, productividad y tecnologías no fuese una relación capitalista. Como si la electricidad fuera un regalo de los dioses.

—Hablando de electricidad, ¿qué te parece lo que está pasando?

—Complicada la respuesta. Como siempre, pienso que para entender la factura de la luz hay que tratar de entender qué es lo que está pasando no solo en nuestra casa sino en los adentros de esa economía en la que a veces vivimos y casi siempre sobrevivimos.
—¿Piensas que esas turbulencias se deben a la crónica anunciada del agotamiento del gas o del petróleo?

—Sin duda ese es el telón de fondo, como ya bien nos hizo asumir (a mí incluido) Wolfgang Harich en su libro ¿Comunismo sin crecimiento? Babeuf y el Club de Roma, que por cierto lleva años agotado y olvidado. Pero, para mí, la clave del qué nos pasa reside en ese factor sobre el que he insistido, aunque con poco éxito: en la competencia como motor del capitalismo, en lo que podríamos llamar la deriva intracapitalista de la lucha de clases.

El capitalismo no es solo el combate entre el Capital y el Trabajo: hay luchas continuas en el interior del Capital, en el espacio de los imperialismos (eso que hoy llamáis lo global) y en el espacio de la economía o mercado nacional. Se habla de Iberdrola y de las otras eléctricas del IBEX, pero parece olvidarse que ellas luchan entre sí y contra esa competencia de la que también forman parte pequeñas y medianas compañías energéticas.

—¿Las renovables?

—Por ejemplo, estudiar y analizar su papel en el momento actual es importante, pues pueden saltar aliados provisionales allí donde menos se espera. Lo que el Ibex teme es que la parte socialdemócrata del Gobierno deje de inclinarse hacia ese neoliberalismo multinacional donde el precio de la luz lo impone el mercado.

—Es decir, que lo importante es estar en el Parlamento.

—Nadie niega su importancia táctica, pero lo relevante para que la barbarie retroceda y el socialismo avance es saber utilizar esas contradicciones capitalistas; gestionarlas bien para obligar al sistema a poner las cartas encima de la mesa, incluidas las que ocultan en la manga.

—Pero si la mesa sigue siendo la suya, ¿eso para qué serviría?

—Conocer y dar a conocer las realidades del poder sigue siendo una estrategia conveniente y necesaria. El gota a gota puede parecer algo inútil y desesperante, pero el terreno que ahora nos parece tan sólido e impenetrable se moja y empapa y las posibilidades de que el sistema resbale crecen, aunque, eso sí, alguien tiene que empujarlo.

—Ya. La verdad es revolucionaria. Ser cultos para ser libres.

—Cómo te encanta el sarcasmo, Menos. Si por ti fuera la ironía sería la madre de todas las batallas; pero no, la realidad no está hecha de palabras. Alguien debería escribir una tesis sobre “la producción social del escepticismo”. Solo la revolución es revolucionaria y organizarse no es una mera palabra.

—En eso de organizarse parece que la vicepresidenta segunda, la comunista de la que hablábamos el otro día, ya está en ello; tiene ideas nuevas y anda proponiendo para la izquierda algún amplio movimiento.

—¡Ay, Menos! ¡Si quieres hacer la revolución como me dices, no personalices, no personalices! No busques nombres propios donde lo que hay que encontrar es el común. Que ya antes de echarse a volar le están cortando las alas.
—El sueño roto de Ícaro cuando quiso asaltar los cielos.
—Es que la cera socialdemócrata no da para mucho. Se derrite pronto. Además, y sobre todo, volar no es una cuestión de alas solamente: si no se encuentra en el aire el apoyo necesario no se podrá ir muy lejos. Organizar el aire. Resistencia y combate.

—Ya lo dijo Bob Dylan: Blowing in the wind.

—Pues mira, sí, esta vez, a pesar de tu confortable escepticismo, has acertado: dejar, por ejemplo, de despotricar de los sindicatos e intentar atraerlos a tus velas; encuadrar los movimientos sociales en una misma tormenta sin quitarles sus propias lluvias y relámpagos; hacer del paro un elemento activo; obligar a los partidos a tomar partido, el suyo incluido; mancharse las manos cuando sea necesario y construir una red donde las redes sociales encuentren voz y eco procurando no escupir contra el viento. Y sobre todo: soplar sabiendo que no hay viento favorable si no se sabe adónde se quiere llegar en cada escala del viaje. Porque la Revolución, como Ítaca, también es un camino

Vía observatoriocrisis.com

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