20 de septiembre de 2021

Radio Republicana

Escapar de Auschwitz: historia de tres fugas

Puerta principal del campo de exterminio, con el lema "El trabajo libera" AFP

Huir del campo de exterminio era muy difícil aunque no imposible: casi 200 prisioneros lo lograron, pero algunos por muy poco tiempo

Mientras estuvo en funcionamiento, Auschwitz fue una fábrica de muerte para alrededor de un millón cien mil personas. Pero 196 hombres y mujeres consiguieron escapar de allí, a veces por pocos días y en algunas ocasiones para siempre. Otros muchos tuvieron la tentación de huir, pero poquísimos contaron con el valor para enfrentarse a lo que significaba fracasar. ¡Einer fehlt! (falta un preso), gritaban los guardias cuando se producía una fuga. Entonces sonaban las sirenas y se encendían las luces. Poco después las bengalas iluminaban el firmamento. Era la hora de las batidas con perros.

La primera fuga que hubo en las afueras de la ciudad polaca de Oświęcim (Auschwitz, en alemán), donde se encontraba el campo de exterminio, se produjo el 6 de julio de 1940 y tuvo como protagonista a Tadeusz Wiejowski, un prisionero político polaco que lucía el número 220 en el pecho.

Tadeusz Wiejowski, photo taken before the war.
Tadeusz Wiejowski, en una foto tomada antes de la guerra  APMA-B.

Según el Museo de Auschwitz-Birkenau, los polacos quisieron escapar más que nadie porque conocían la geografía de su propio país, así como el idioma, lo que les facilitaba regresar a su región de origen para encontrar refugio o, lo más común, unirse a los partisanos. En total, de los 928 prisioneros que intentaron esfumarse de Auschwitz, 439 eran polacos, 213 rusos, 150 judíos, 49 alemanes y austriacos, 41 gitanos centroeuropeos, 26 checos, cuatro húngaros, uno holandés y otro yugoslavo.

Cuando un fugitivo era apresado, los prisioneros escuchaban desde sus barracones el resonar de una orquesta detrás de la cual marchaba un hombre ataviado diferente al resto. Su vestimenta era la de un payaso de circo. Cada pierna, cada manga, la espalda y la parte delantera del chaleco eran de diferentes colores. Mientras el cortejo recorría el campo, los guardias hacían resonar sus látigos, recordando el castigo que infligían ante el menor atisbo de disidencia. Finalmente, el fugado, además de un sombrero de copa de colores, portaba en la mano un palo con un trozo de madera contrachapado con la siguiente inscripción: “¡Hurra Ich bin wieder da!” (¡Hurra, ya estoy aquí de vuelta!).

Los polacos eran los más propensos a escapar porque su fuga tenía más posibilidades de éxito, conocían el idioma y el territorio

Tal vez por ello, en 1940 solo hubo dos fugas. En la primera, Wiejowski logró contactar con unos electricistas polacos empleados por una empresa alemana que realizaba obras en el campo, quienes le proporcionaron un traje de civil y el brazalete verde que estaban obligados a llevar en el recinto. Cuando terminó su jornada de trabajo, Wiejowski se puso la ropa recibida y salió del recinto en compañía del resto de civiles que trabajaban en el campo. Junto a ellos, llegó a la estación de ferrocarril y se escondió en un tren de mercancías. Al cabo de un tiempo, llegó a su pueblo natal, Kołaczyce, en el sureste de Polonia, donde permaneció escondido durante más de un año. Pero en otoño de 1941 fue detenido y encarcelado en la prisión de Jasło, donde fue fusilado.

“Recuerdo que era sábado”, declaró el antiguo prisionero Kazimierz Brzeski al acabar la contienda. “Durante el pase de lista descubrieron que faltaba un prisionero en la habitación número 7 de nuestro bloque. Este hecho nos impresionó mucho. Buscaban a Wiejowski (…) Entonces oímos por primera vez la sirena del campo. Fritzsch nos dijo que éramos criminales y que estaríamos así durante tres días y tres noches. Estábamos de pie sólo con nuestros uniformes a rayas y descalzos. La noche era cada vez más fría. Era imposible dejar de castañear los dientes”, relató.

Jerzy Bielecki, en una imagen tomada tres meses después de escapar de Auschwitz
Jerzy Bielecki, en una imagen tomada tres meses después de escapar de Auschwitz APMA-B.

A raíz de este episodio, los reclusos sospechosos de haber ayudado a Wiejowski fueron condenados a muerte, aunque finalmente se les conmutó la pena. En su lugar, fueron obligados a tumbarse sobre taburetes con las nalgas desnudas. “El Kapo Krankemann y su ayudante Max nos sujetaban, mientras los hombres de las SS nos golpeaban por turnos, utilizando un grueso cable eléctrico recubierto de cuero”, recordó otro antiguo prisionero, Boleslaw Bicz. “El médico prisionero Tadeusz Gąsiorowski (…) se ocupó de mí y me operó. Después de unos siete meses de tratamiento me recuperé de las heridas que sufrí a consecuencia de los golpes. Toda mi nalga desarrolló necrosis”, narró el único encausado que sobrevivió a la guerra, según consta en el fondo documental del Museo de Auschwitz-Birkenau.

Auschwitz se construyó en la primavera de 1940 en una zona plana, casi sin vegetación. Había, eso sí, algunos campos de coles en los terrenos adyacentes que emitían un crujido audible cuando alguien intentaba escapar. Al oeste del campo se encontraban los bosques de Pszczyna, donde se escondían los huidos, al igual que en las tupidas montañas Beskidy, visibles desde el campo.

Los castigos a los que se sometía a los que ayudaban a los fugados eran terribles e incluso podían conllevar la pena de muerte

El campamento principal estaba rodeado por una doble valla de alambre de espino electrificada. Por la noche, las lámparas del cercado estaban siempre encendidas y sólo se apagaban en caso de alerta antiaérea. Durante el día, cuando la mayoría de los prisioneros estaban trabajando fuera del campo, los hombres de las SS prestaban servicio en puestos permanentes, formando la llamada “gran cadena de guardia”. Su principal tarea era escoltar a los prisioneros hasta su lugar de trabajo. Una vez terminaban, les custodiaban de nuevo hasta el campo, donde se pasaba lista a su llegada. Si no faltaba nadie, los guardias eran enviados a sus barracones. En caso contrario, permanecían en las torres.

Era bastante común que los integrantes de las SS, para recibir un día libre de permiso, provocaran a los prisioneros para que cruzaran la línea de guardia. Como no tenían otra opción, seguían la orden y eran asesinados al instante. Más tarde informaban de estos incidentes como intentos de fuga.

https://youtu.be/EOM_CxAKB_Y

Quienes más intentaba escapar eran los jóvenes de entre 20 y 35 años edad (el 68% de los intentos de fuga estuvieron protagonizados por ellos). Fue el caso, por ejemplo, de Jerzy Bielecki, un joven polaco de 23 años, que fue confinado en Auschwitz cuando intentaba unirse al ejército polaco que se estaba formando en Francia.

En 1944 Bielecki trabajaba en el almacén de grano situado en las cercanías del campo principal. Un pequeño grupo de prisioneras también trabajaba allí, reparando sacos de cereales. Cyla Cybulska (a la que llamaban Stawiska en el campo), una joven de orígenes judíos un año mayor que él, era una de ellas. La cuestión es que Bielecki y Cybulska se conocieron en el trabajo y se enamoraron.

Jerzy Bielecki y Cyla Cybulska se enamoraron en el campo y lograron huir juntos en 1944

Fue entonces cuando Bielecki comenzó los preparativos para fugarse juntos. En un primer momento, le propuso a su amigo Tadeusz Srogi, empleado en el almacén de ropa de las SS, que se uniera a ellos. Sin embargo, éste se negó, aunque proporcionó a Bielecki el uniforme y un pase de las SS que permitía salir del campo.

La fuga tuvo lugar el 21 de julio de 1944. Por la tarde, Bielecki pidió al hombre de las SS empleado en el almacén que le dejara salir del trabajo durante unos minutos para recoger el embutido que, presuntamente, habían preparado los prisioneros de la carnicería. El oficial de las SS aceptó con la condición de recibir una parte de las salchichas. Tras obtener su aprobación, Bielecki se dirigió, todavía con el número 243 estampado en el traje a rayas, al lugar donde había escondido el uniforme, se cambió y se dirigió al lugar de trabajo de Cybuslka.

In the foreground so-called Stabsgebäude [headquarters building], from which Jerzy Bielecki led Cyla Cybulska out. Photo by Z. Klawender, probably September 1945. APAM-B.
Complejo desde el que se fugaron Jerzy Bielecki y Cyla Cybulska  APAM-B

Tras presentarse como funcionario del Politische Abteilung (Departamento Político), la llamó para interrogarla y se la llevó fuera del edificio. Ambos se dirigieron entonces al subcampo del Raisko, cerca del cual se encontraba una de las salidas, más allá de la gran cadena de guardias. En el puesto de control presentó su pase falso. No levantó ninguna sospecha, así que los dos amantes salieron fácilmente del campamento. Marchando de noche, consiguieron llegar a las afueras de Cracovia (a unos 65 km de distancia de Auschwitz), donde se escondieron en diferentes pueblos. Después de algún tiempo, Bielecki se unió a una unidad de partisanos del Ejército Nacional, en la que luchó hasta el final de la guerra. Cyla, por su parte, tras recibir la información de que su amado había perecido en combate, abandonó a la familia que la refugiaba y emigró a los Estados Unidos.

Básicamente, existían dos formas de fugarse de Auschwitz. Las escapadas más exitosas se preparaban a conciencia y contaban con el apoyo del movimiento de resistencia, dentro y fuera del campo. En cambio, las huidas espontáneas solían acabar mal.

En el interior del campo, las fugas solían organizarse de forma que el fugado se “escondía” en un lugar especial equipado con agua y comida. Por ejemplo, mientras se construían los diferentes subcampos y almacenes que circundaban a Auschwitz, algunos presos aprovecharon para construir un bunker dotado con un pequeño respiradero en donde, prácticamente, enterrarse vivos durante días.

Muchas intentonas contaban con algún tipo de complicidad de la población local o de la Resistencia

Una vez se relajaba la vigilancia, el fugado salía a escondidas del campo, normalmente por la noche, para llegar a un punto de recogida específico, normalmente situado a pocos kilómetros de distancia. Antes, obtenía una ruta de fuga detallada que incluía un plano de la zona, la ubicación del punto en el que debía encontrarse con un mensajero del movimiento de resistencia, así como una contraseña.

Durante la historia del campo de exterminio de Auschwitz hubo tres fugas masivas: una de polacos (10 de junio de 1942), otra de soviéticos (6 de noviembre de 1942) y una tercera de prisioneros judíos del Sonderkommando (7 de octubre de 1944).

Plano para la fuga masiva de soldados soviéticos de Auschwitz
Plano para la fuga masiva de soldados soviéticos de Auschwitz APMA-B.

En el motín de los soviéticos, un grupo de prisioneros de guerra intentó escapar del sector de Birkenau, en construcción en aquel momento. Tras el pase de lista de la noche, algunas decenas de ellos fueron asignados a la persecución de un prisionero que se dio por desaparecido durante el pase de lista. Según el testimonio de Stanisław Aleksandrowicz, la fuga fue muy bien planeada. “Todos los prisioneros de los bloques 10 y 11 estábamos enterados de la fuga, que fue planeada durante las reuniones que celebramos en la última letrina antes del crematorio”, reveló.

“Para buscar a los prisioneros desaparecidos –desveló Aleksandrowicz tras acabar la guerra– se utilizaba a los prisioneros soviéticos del bloque 10, normalmente a un grupo de 50-60 de nosotros. Acordamos que la próxima vez que se encontrara un prisionero desaparecido durante el pase de lista, lo buscaríamos de tal manera que no lo encontraríamos hasta bien entrada la noche y entonces, a la orden “an[ge]treten” (¡reunión!), uno de nosotros debía dar una señal, y gritando “Za rodinu, vpieryod” (¡Por la patria, adelante!), nos lanzaríamos como soldados al frente entre las torres de vigilancia”, explicó.

Los presos de guerra soviéticos protagonizaron una importante fuga colectiva, pero pocos la culminaron con éxito

Así lo hicieron. Aprovechando la caída de la noche y la espesa niebla, los prisioneros rusos huyeron a través de una sección de la valla que en ese momento aún no estaba protegida por el alambre de púas. Tras atravesar los puestos de las SS, consiguieron llegar a una zona arbolada. Algunos de ellos, incluso cruzaron el río Vístula, que fluía cerca. Sin embargo, la mayoría fueron capturados o fusilados durante la persecución. Únicamente unos pocos lograron escapar, pero su número sigue siendo desconocido. Sólo se sabe que después de la guerra, cuatro participantes de la fuga fueron encontrados en la Unión Soviética: Andrey Marchenko, Nikolay Pisarev, Andrey Pogozhev y Pavel Stienkin.

Desde lavanguardia.com

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