25 de octubre de 2021

Radio Republicana

Diez años recordando a Gerardo Antón ‘Pinto’. Maquis contra la dictadura franquista y guerrillero de la memoria

Este 8 de julio se cumple una década del fallecimiento de Gerardo Antón Pinto, un icono que ha servido de ejemplo para varias generaciones de comunistas de Extremadura.

Gerardo tuvo una vida de entrega a favor de los ideales emancipatorios que representan el socialismo y el comunismo. Ese compromiso de lucha le llevó a ser jefe de partida de la 12ª División de la 1ª Agrupación de Guerrilleros de Extremaduramaquis de la zona norte de Cáceres, lo que le convertiría en una leyenda que hasta hoy persiste.

Pero Gerardo, además de guerrillero, fue un militante comunista excepcional que mantuvo el carnet del Partido Comunista de España desde los 19 años hasta su muerte: 75 años de lucha junto a sus camaradas, dejando un recuerdo imborrable. Pese a lo duro de su vida, nunca faltaba a las distintas convocatorias de las organizaciones donde militaba. Así era común verlo pegando carteles, pelando patatas en las cocinas de los eventos del partido o encabezando las “marchas contra el paro” que organizó IU Extremadura en los años 90 y en donde se acuñó el lema de “si aguanta Gerardo, aguantamos todos“, en referencia a la admiración que toda la organización tenía por él.

INICIOS EN LA LUCHA

Nació en 1917 en la localidad cacereña de Aceituna, donde desde pequeño vivió el hambre y la miseria que había en esta tierra. De procedencia humilde, no pudo acceder a estudiar y desde joven empezó a trabajar como pastor. Con el triunfo del Frente Popular en 1936 decidió organizarse y se afilió al Partido Comunista de España, militancia que no abandonó el resto de su vida. No pudo estudiar pero desde el primer momento optó por autoformarse y aprovechar las plataformas educativas del partido. Siempre estaba con un libro en la mano, leyendo y aprendiendo, e insistía a los jóvenes camaradas en la necesidad de estudiar y formarse.

En julio del 36 los militares fascistas dan un golpe de Estado que en la provincia de Cáceres triunfa y marca la vida de Gerardo, que intentó pasarse al territorio que controlaba el bando republicano pero no lo consiguió. Pronto las nuevas autoridades van a por él y es enviado a trabajos forzados.

Finalizada la guerra, no aceptó el régimen criminal que se impuso en España y se unió al movimiento del maquis antifranquista en el norte de Extremadura, en el grupo de Pedro José Marquino Monje, el Francés, desarrollando acciones en cortijos y poblaciones, siendo enlace de los mandos en Madrid y, durante cuatro años, de 1944 a 1948, jefe de partida de la 12.ª División de la 1.ª Agrupación de Guerrilleros de Extremadura.

LA VIDA EN EL MAQUIS

Gerardo era una persona íntegra, discreta, valiente y solidaria que se adaptó sin problemas a la lucha del maquis. Como recuerda el historiador Julián Chaves, “se adaptó sin problemas a la vida en la sierra, donde le pusieron como pseudónimo Pinto, hasta el punto de que a los pocos meses le nombraron jefe de una partida. Buen conocedor de los macizos montañosos del centro y norte de la provincia cacereña, le fue fácil su movilidad por ellos. Participó en incursiones en pueblos, secuestros y expropiaciones. Incluso viajó a Madrid para contactar con la jefatura guerrillera”.

Desde el primer momento las partidas de guerrilleros que se movían por los montes de Extremadura fueron objeto de persecución por parte del régimen franquista que nombró al teniente coronel Gómez Cantos -conocido como el carnicero de Extremadura– responsable de la represión al maquis extremeño. Las actuaciones represivas no tuvieron el efecto esperado, pues los hombres y mujeres que integraban la guerrilla en la región sabían que en caso de captura serían fusilados y estuvieron luchando hasta finales de los años 40. Muchos cayeron abatidos y los pocos que sobrevivieron buscaron el exilio en Francia o Latinoamérica.

EXILIO

Pinto era de los pocos supervivientes de la partida del Francés, cuya muerte fue una enorme pérdida en el maquis extremeño, pues el que había sido jefe de la 12º División en la Primera Agrupación Centro-Extremadura tenía a sus espaldas los años de mayor actividad guerrillera, destacando las incursiones a localidades como Cañamero, Campillo de Deleitosa o Mesas de Ibor.

Los guerrilleros que quedaron emprendieron el exilio. Gerardo intentó marcharse a Latinoamérica a través de Portugal pero como él mismo relata en sus memorias ese intento resultó fallido. “Llevar a cuatro personas era demasiado. Había que esquivar a la PIDE (*). Todo era peligro hasta llegar a la oficina de la ONU en Lisboa. Se organizaron dos viajes, de dos en dos. En el primero salieron Durruti y Relojero. En el segundo Girodias y yo. Fuimos. Una fonda. Al otro día, a la oficina. Hicimos una filiación totalmente falsa pero había que aprenderla al dedillo y luego llevarla a la comisaría. La policía interrogaba mucho y no podía haber contradicción con la filiación. Yo no me contradije en nada pero Girodias se equivocó varias veces y nos mandaron volver al día siguiente. Yendo al otro día para la oficina de la ONU la PIDE nos llevaba detenidos pero sin esposar y, cuando íbamos por una calle concurrida, nos escapamos y echamos a correr. Nos vimos libres y nos fuimos andando hacia Navafría. De Portugal a Navafría, doce días a pie y sin comer. Salimos en tren hacia San Sebastián, donde estaba, de civil, el sargento de carabineros de Navafría cuando la sublevación, que se opuso al golpe y vinieron fuerzas de Salamanca a someterlo. Se salvó de milagro. El sargento es el que prepara nuestro paso con unos socialistas de allí. Pagamos 6.000 pesetas para pasar. El contacto lo puso ese sargento y se pagó a algún contrabandista. Subimos a un barquillo y desembarcamos en San Juan de Luz, a las dos de la mañana. Le di el dinero a una rubia y ella me dio las explicaciones, que saliéramos en tranvía a las afueras y vendrían a buscarnos”.

Así llegó a Francia y comenzó su exilio. Los primeros años fueron duros, debido al trato vejatorio que sufrió en el país de acogida hasta que logró estabilizar su situación laboral. En Francia mantuvo su militancia comunista, participando con la organización del PCE en Saint Denis -población en la que se estableció- y en el cercano París en cuantas marchas de protesta se organizaban contra la dictadura franquista. Muerto el dictador fascista, volvió a España y se dedicó a la militancia en el partido y a divulgar lo que significó la lucha de los guerrilleros.

VUELTA A ESPAÑA

Fue uno de los más eficaces luchadores por la memoria, recorriendo cientos de institutos de secundaria, casas de cultura, instituciones académicas, barrios populares, ciudades y regiones, hablando a todos de esa memoria republicana, de aquellos ideales rebeldes, de aquellas luchas a muerte por la democracia y las libertades.

Formó parte hasta su fallecimiento de la Junta Directiva de la Asociación Archivo, Guerra y Exilio y participó en los encuentros, los trabajos y las caravanas de la memoria junto a sus compañeros guerrilleros. A todas partes iba envuelto en la digna bandera de la República. No faltó a ninguna convocatoria, manifestación o acto público en el que pudiera hacer oír la voz de la dignidad de sus ideales.

El testimonio de su lucha ha sido recogido de modo especial en los libros Guerrilla y franquismo: memoria viva del maquis Gerardo Antón, escrito por el historiador Julián Chaves, y Pinto, el desván de la memoria, de Aureliano Martín Alcón. Así como en el documental Pinto: diario de la guerrilla, dirigido por Alberto Durán, que durante sesenta minutos recorre los paisajes, físicos y de la memoria, por los que se movió este heroico luchador.

En Torrejón el Rubio se erigió un monumento de recuerdo, asaltado a los pocos días de su inauguración. Sus ideales, su integridad y su ejemplo siguen presentes. Su lucha sigue siendo necesaria. Su memoria ya es eterna.

(*) PIDE. Policía política de la dictadura portuguesa.


Por RAFA GONZÁLEZ
Vía mundoobrero.es




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