30 de julio de 2021

Radio Republicana

RECUERDOS DE LA GUERRA DE ESPAÑA DE NIKOLAI GERASIMOVICH KUZNETSOV, (Almirante de la flota soviética y héroe de la URSS)

COMIENZO DE LA SUBLEVACION
La revolución de 1931 ejerció gran influjo entre el personal de la flota española. Los adeptos de los distintos partidos comenzaron a expresar más abiertamente sus puntos de vista. Mientras que casi todos los oficiales siguieron siendo monárquicos después de proclamarse la Republica, toda la marinería se pasó al lado de esta, circunstancia que remarcó aún más las contradicciones irreconciliables entre la oficialidad y la marinería de la Marina de Guerra española.

El Gobierno llevó a cabo algunas medidas de organización en la flota: se dio el retiro a varios almirantes y oficiales conocidos en la armada por sus malos tratos a los marineros; se amplió formalmente el acceso a las escuelas militares marítimas de la juventud de la pequeña y media burguesia; se mejoró en cierta medida la situación de la marinería en los barcos, tanto en el aspecto material como en el jurídico ( un servicio más llevadero, permisos para bajar a tierra, etc.)

Sin embargo, estos cambios eran demasiado insignificantes para crear una situación realmente nueva en la armada, aparte de que los comandantes de los barcos los saboteaban por todos los medios. Cuando a finales de 1933 subieron al gobierno los partidos burgueses de derechas, los almirantes y oficiales que mandaban los barcos se lanzaron contra las escasas conquistas de la marinería, conseguidas en los primeros años de existencia de la Republica.

Las elecciones a Cortes en febrero de 1936, que dieron la Victoria al Frente Popular, demostraron claramente que la revolucion española no había acabado, que existían todas las condiciones para que prosiguiera su desarrollo. Perdidas las esperanzas de poder aplastar la revolucion por vía constitucional, los elementos reaccionarios, encabezados por generales y almirantes, centraron todos sus esfuerzos en la sublevacion armada contra la Republica.

Los estados fascistas de Alemania e Italia, con los que los militares reaccionarios españoles ya hacia mucho que mantenían contacto, debían ayudar en su empresa a los rebeldes. En los estados mayores de Alemania e Italia ya funcionaban secciones especiales que se ocupaban de preparar y planear el pronunciamiento en España. Y, sin embargo, el Gobierno de Azaña no solo no emprendía medidas eficaces para aplastar el complot que madurada, sino que incluso no advertía el peligro que representaba.

El general Franco, convicto por fraguar un alzamiento militar, al día siguiente de haber triunfado el Frente Popular fue destinado como “castigo”, al puesto de gobernador general de las Islas Canarias, y sus cómplices -generales y oficiales- dados de baja con todo el sueldo en el ejército, pudiendo así seguir preparando la conjura contra la Republica a costa del Tesoro. Los facciosos crearon en Portugal los depósitos necesarios de reservas de armas. Los barcos de Alemania -un acorazado y varios cruceros y destructores- estuvieron todo el verano de 1936 en los puertos españoles dispuestos a correr en ayuda de los rebeldes.

Monumento al almirante Kuznetsov en Sebastopol

Poco a poco fue enrolandose en los preparativos de la subversión a la mayoría de los oficiales, “trabajandose” bajo distintos pretextos a las guarniciones del Ejército de Tierra, al personal de Aviacion y a las tripulaciones de la Armada española. La participación de casi el total de la oficialidad en el complot facilitó que se guardase el secreto necesario.

La actividad de la Armada en las últimas semanas que precedieron al alzamiento fascista estuvo encauzada, en lo fundamental, a terminar los preparativos para la sublevacion.

En banquetes especialmente organizados, los oficiales del Ejército y de la Armada hablaban sin tapujos de “salvar a la patria”, y en las Islas Canarias el general Franco se negó demostrativamente a brindar por la Republica.

Unos días antes del levantamiento, el comandante del crucero “Republica”, sometido a reparación general en Cadiz, dio cuenta al ministro de la sublevacion que se preparaba. No atreviéndose a denunciarlo mediante sus oficiales, lo hizo a través del gobernador civil de Cadiz. El radiograma recibido en el Ministerio de Marina se discutió secretamente, sin participación del Estado Mayor de la Armada, pues no se sabía en quien podía confiarse. Y, no obstante, tampoco en esta ocasión se hizo nada para conjurar la subversión.

Se mantuvieron fieles a la Republica: de 19 almirantes, 2; de 31 capitanes de navío, 2; de 65 capitanes de fragata, 7; y de 128 capitanes de corbeta, 13.

Federico Rubio Herrero
Fuente: VVAA ( Bajo la bandera de la España republicana).

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