23 de septiembre de 2021

Radio Republicana

El Necio

Magnífico análisis de l@s compañer@s @CRepublicanoEH sobre la situación actual y el abandono de @PabloIglesias

EL NECIO

Publicado por liova37
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El Necio. Silvio Rodriguez. 1992

El día 28 de este mes de mayo se cumplen 150 años de la masacre que puso punto y final a la que quizás fue la gesta revolucionaria más espontanea, emocionante y radical de la historia contemporánea. El 28 de mayo de 1871, comenzó la represión de la llamada Comuna de París con el fusilamiento sistemático de más de 20.000 civiles en una zona de la tapia del cementerio parisino de Père-Lachaise, hoy conocida como “El Muro de los Comuneros”. Además de los asesinados, millares de personas -se estima que 40.000, aproximadamente- fueron arrestadas desde finales de mayo de aquel año y hasta bien mediado 1874. En aquella primavera de sangre, el sistema, tal y como hoy lo concebimos, enseñó al pueblo sus afilados colmillos por primera vez. Desde entonces, jamás ha dejado de hacerlo cuando se ha sentido amenazado por cualquier avance significativo de las conquistas sociales. Nunca el “Establishment” ha ocultado su decidida beligerancia hacia todo lo que pueda oler a un cambio sustancial que afecte al reparto social de la riqueza. Incluso cuando se ha visto obligado a ceder en determinadas conquistas, como fue el caso del llamado “Estado del Bienestar”, lo ha hecho por exigencias del guion. Porque no tenía otra salida; porque era un mal menor.

La decidida reacción contra las revoluciones de México, Rusia, Alemania o la IIª República española; el indisimulado intervencionismo para boicotear las gestas antiimperialistas de Cuba, el Congo, Argelia o Vietnam; el Plan Cóndor, la Red Gladio, los pactos con las mafias y los cárteles, o las inversiones de miles de billones destinados a pagar ejércitos, chivatos, paramilitares y agencias de seguridad han engrasado durante más de un siglo la maquinaria con la que el capitalismo ha hecho frente a cualquier atisbo de pérdida de su hegemonía como única e insustituible doctrina económica global.        

Pero, como asevera Don Hilarión en una conocida zarzuela, “hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”. Y es que, actualmente, eso de los golpes de estado a la vieja usanza, las matanzas de manifestantes o las torturas policiales, se han quedado obsoletas por estos pagos (“salvo algunas cosas”, que decía el otro) y solo suelen darse en latitudes distantes como Birmania o Colombia. Aquí, por el momento, preferimos el olor a cloaca que el olor a pólvora. Quizás porque es mucho más disimulable si su uso se alterna con un buen ambientador mediático. Y de esos la banca, la patronal, la judicatura y los medios de comunicación españoles conocen las mejores marcas.

En este país que nos ha tocado vivir, no solo son pintorescos y paradójicos sus paisajes y sus gentes, también sus obsesiones, sus vicios y sus ansias. Aquí no basta con vencer al enemigo, hay que denostarlo, ridiculizarlo, deshumanizarlo, destacar cualquier defecto que pueda tener y borrar de la memoria colectiva sus posibles virtudes. Porque no somos ni ecuánimes ni civilizados, aquí no estamos acostumbrados a que la generosidad del vencedor permita el derecho de los vencidos a vivir su pena o su derrota, aunque sea ninguneados, ignorados, incluso vigilados, pero vivos en definitiva. Aquí no nos andamos con chiquitas ni con medias tintas, porque nuestro ancestral desprecio por la cultura y nuestra desmedida tendencia a la envidia nos lo impide. Aquí, cuando se gana, se gana: Se fusila a los maestros en las tapias de las escuelas; se llenan las fosas de intelectuales e ilustrados y legiones de analfabetos se ufanan en cavarlas; se persigue y se exilia a quienes empatizan con el sentido común y se premia con prebendas a los ignorantes; se ensalza a los delincuentes y se ahoga a los decentes en aceite de ricino… Y esto, durante décadas y décadas; durante más de 80 años de “terraceo” en destartaladas bodegas plagadas de moscones, bebiendo vino rancio y cuchicheando: “Le está bien empleado. A saber, lo que habrá hecho”.

Su España nunca perdona, su España demoniza y aniquila. Una tierra marcada a fuego por la amoralidad más abyecta. Sagrada patria elegida y ensalzada por tenderos que amañan las básculas para robar cuatro céntimos al indigente, por serviles chupatintas que medran en maratones de besamanos, por imbéciles que se creen clase media porque llevan a sus hijos a un colegio concertado, por irresponsables parias alienados que aspiran a ser youtuberos millonarios, con la misma fe irracional del yihadista que se inmola en la creencia de disfrutar de un paraíso de huríes vírgenes. Su España acosa a los héroes y adula a los verdugos.

Esta incansable persecución a todo el que destaca por su valía, este odio a muerte a la coherencia y a la erudición, este desprecio pueblerino hacia el raciocinio ha culminado este mes de mayo con un inaudito resultado electoral en la Comunidad de Madrid. Inaudito, no porque haya triunfado el voto a la derecha, algo a lo que estamos ya de sobra acostumbrados y que de cuando en cuando ocurre, sino por quiénes han hecho posible esa victoria y por la catadura moral e intelectual de, en este caso, las electas. Esta vez no ha sido un problema de abstención -tal y como sopla el viento hoy en día, un 76,25% de participación es todo un hito- sino porque de los 179 municipios que hay en los madriles, absolutamente en todos, excepto en 2, un partido de derechas ha sido la fuerza más votada. Ha dado igual que se tratase de una colonia de millonarios, una barriada de menestrales o un poblado marginal; no ha importado ni su renta per cápita, ni su índice de paro, ni la cantidad de desahucios sufridos en pandemia o la sempiterna carencia de las infraestructuras más básicas. En todos ellos ha ganado una derecha representada a pachas por una ultraliberal peligrosa de puro inútil, que es capaz en su estulticia de sintetizar todo su programa electoral en una sola frase: “Libertad es llevar una pulsera en la que pone libertad” (sic), y por una neo-fascista de origen cubano – “gusano”, para ser más exactos-, casada con un señorito de podrido abolengo y atávicamente antidemócrata, que ha ejercido durante años su profesión desde una criminal ilegalidad.

No ha influido en absoluto en el resultado el hecho de que entre sus oponentes hubiese un catedrático de metafísica, una médica especializada en anestesiología y un doctor en ciencias políticas con un expediente cum laude, o incluso que entre sus posibles aliados figurase un abogado del estado. Y no ha importado lo más mínimo porque ninguno de los 4 ha tenido en cuenta que, por lo visto, la máxima necesidad de los madrileños no se centraba en recuperar una sanidad pública agonizante, en defender una educación plural y eficiente o en implementar políticas fiscales que ayudasen a compensar las abismales diferencias que se dan en sus barrios y en sus pueblos, sino en llenar el territorio de terrazas, asegurar “cañitas” para todo el que pueda pagárselas y convertir la capital en destino predilecto del borracheo internacional y en paradigma de las fiestas ilegales. Porque donde esté la libertad de mamarse bien mamado, que se quite cualquier otra reivindicación social-comunista. (Desgraciadamente vivimos en un país que se precia de llamar a los toreros maestros y que hace chanza al tildar a los maestros de vagos y subvencionados).

Este desastre sin paliativos ha servido, además, para acabar definitivamente con la paciencia, y parece ser que también con la carrera pública, de una de las mentes más despiertas, generosas y decentes del excéntrico panorama político de este país. El ignominioso resultado electoral del día 4 ha obligado a Pablo Iglesias Turrión, secretario general de Unidas Podemos, a asumir la dolorosa decisión de, a pesar de haber ganado más de 80.000 votos respecto a las anteriores elecciones autonómicas y obtener 3 diputados más en la Asamblea, dejar todos sus cargos a disposición del partido, devolver su acta de diputado al estado y esfumarse lo antes posible del insalubre estercolero en el que los nacional-católicos, los ultraliberales y los populistas han convertido la política a base de amenazas, bulos, descalificaciones, insultos y provocaciones. Pablo Iglesias no se ha ido por sentirse derrotado, ni porque un excesivo celo autocrítico así se lo haya dictado. Simplemente ha llegado al límite de sus fuerzas y ya no le es posible seguir aguantando estoicamente los soeces ataques y las retorcidas amenazas que se vierten a diario contra él y contra los suyos, sin que, por lo visto, ninguna instancia pueda hacer absolutamente nada para remediarlo. Ha llegado el momento en el que ha sido inevitable sopesar el hecho de que quizás si él se va los demás podrán seguir adelante. Porque no parece que pueda existir ningún otro motivo racional para que se genere tanto odio gratuito, si no es el propio veneno que destila la más profunda incultura cuando se ve huérfana de argumentos racionales: Marqués de Galapagar, proetarra, rata chepuda, terrorista, chepas, macho alfa, coletas… Demasiados epítetos para alguien que a lo largo de 7 años solo ha cometido los imperdonables pecados de pretender desmontar los privilegios de los poderosos, procurar el bienestar de los más desfavorecidos y desenmascarar a los enemigos de la democracia.

El adiós de Pablo Iglesias no va a suponer solamente la ausencia de un buen líder de la izquierda, de un tenaz luchador social o de un potente estratega. Su desaparición puede marcar un peligrosísimo punto sin retorno que, indefectiblemente, nos lleva una vez más a recordar el tan manido poema de Martin Niemöller“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, ya que no era comunista” … Las fuerzas del mal se han crecido por el inesperado resultado de su pornográfica demagogia: Si sus caceroladas han sido capaces de acabar con el jefe, más fácil será acabar con la manada.

Hoy más que nunca es imprescindible responder a la indecente bajeza de la basura fascista con una actitud decidida de combate. No podemos permitirnos ni un solo paso atrás más, ni una flaqueza, ni media duda. Como ayer, cuando estando mi ánimo por los suelos me decía un compañero, sin duda el mejor de los amigos: “Hay millones de personas que no tienen ningún tipo de moral propio. Expresarán públicamente lo que consideren que se ha vuelto mínimamente aceptable a nivel político. Si es genocidio, será genocidio. Si eso es así, parece un suicidio la idea de que lo que hay que hacer es ir con mucho cuidado para no alimentar todavía más sus tendencias fascistas. Más bien es al revés. Hay que buscar a la gente que no es así, que es mucha, y organizarnos alrededor de un programa propio”.

“PORQUE FUERON, SOMOS; PORQUE SOMOS, SERÁN”. Se lo debemos a mucha, mucha gente. También a Pablo Iglesias.

EL NECIO

Para no hacer de mi ícono pedazos
Para salvarme entre únicos e impares
Para cederme lugar en su parnaso
Para darme un rinconcito en sus altares

Me vienen a convidar a arrepentirme
Me vienen a convidar a que no pierda
Me vienen a convidar a indefinirme
Me vienen a convidar a tanta mierda

Yo no sé lo que es el destino
Caminando fui lo que fui
Allá Dios que será divino
Yo me muero como viví
Yo me muero como viví
Yo me muero como viví

Yo quiero seguir jugando a lo perdido
Yo quiero ser a la zurda más que diestro
Yo quiero hacer un congreso del unido
Yo quiero rezar a fondo un “hijo nuestro”

Dirán que paso de moda la locura
Dirán que la gente es mala y no merece
Mas, yo partiré soñando travesuras
Acaso multiplicar panes y peces

Yo no sé lo que es el destino
Caminando fui lo que fui
Allá Dios, que será divino
Yo me muero como viví
Yo me muero como viví
Yo me muero como viví

Yo me muero como viví, como viví
Yo me muero como viví, como viví
Yo me muero como viví

Dicen que me arrastrarán por sobre rocas
Cuando la revolución se venga abajo
Que machacarán mis manos y mi boca
Que me arrancarán los ojos y el badajo

Será que la necedad parió conmigo
La necedad de lo que hoy resulta necio
La necedad de asumir al enemigo
La necedad de vivir sin tener precio

Yo no sé lo que es el destino
Caminando fui lo que fui
Allá Dios que será divino
Yo me muero como viví
Yo me muero como viví
Yo me muero como viví

Yo me muero como viví

Letra y música: Silvio Rodríguez. 1992

Pablo Iglesias: Último mitin en Vallecas. Mayo 2021. (Foto de Dani Gago)
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