7 de mayo de 2021

La Voz de la Memoria

Una vida de compromiso: Juan Luis Vallina

Prólogo de Benigno Delmiro Coto a las memorias del militante comunista e internacionalista asturiano, de próxima publicación.

Doy por bien empleado mi tiempo y solo puedo decir que mil veces que viviera mil veces que seguiría apostando por un modelo de sociedad transformador: lo que fue mi guía a lo largo de toda mi vida. La lucha continúa.

Con estas palabras concluye el autor de esta biografía. Por delante, en el futuro, por decirlo al modo de Antonio Gramsci, lo que venga seguirá requiriendo de la suma de muchos empeños militantes: formación (porque se necesitará toda nuestra inteligencia), emociones y sentimientos solidarios (porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo) y, en extremo, hará falta, porque la historia no se detiene y las luchas sociales jamás cederán, reunir todas nuestras fuerzas para conjugarlas en nuestras organizaciones políticas, sociales, sindicales y culturales. Conscientes de que resultará imprescindible que una ciudadanía activa, crítica y participativa contienda de continuo en la producción de información, generación de conocimiento y modelización del mundo. Unos ciudadanos que intervengan en una realidad material cada día más convulsa, y tanto en su construcción como en su apropiación y desmontaje por medio de análisis que muestren sus contradicciones y ambigüedades.

Es bastante habitual encontrarse con que libros consagrados a la remembranza del pasado personal dediquen demasiado espacio a ensalzar el papel protagonista de su autor en todas las peripecias o anécdotas que se traen a cotejar. Recorridos azarosos y eventos no pocas veces relatados de una manera tan rebuscada que acaba generando en los historiadores abundante desconfianza. Estos casos obligan a dudar acerca de la objetividad y la credibilidad del mismo género memorialista por estar afectados en exceso por el subjetivismo de los biografiados. En esta obra, por el contrario, poco sitio se deja para lo estrictamente personal: que solo aparece para contextualizar los hechos históricos y asumir la responsabilidad de las valoraciones. Estamos ante unos textos ordenados con un criterio cronológico que permiten a los lectores y a las lectoras reconstruir no solo algunos de los episodios más destacados de la trayectoria del Partido Comunista de España sino también la atmósfera social que envuelve algunos de los momentos más significativos de las tres últimas décadas del siglo XX y las dos que ya lleva rodado el siglo XXI.

Esta biografía de Juan Luis Vallina (Oviedo/Uviéu, 1946) muestra un magisterio labrado durante varias décadas en la praxis vital y política ejercida en las múltiples organizaciones y asociaciones de las que ya ha formado –o aún forma– parte: Partido Comunista de EspañaIzquierda UnidaComisiones ObrerasAsociación de Amigos del Pueblo Saharaui (de la que fue fundador), Paz y Amistad con CubaCOSAL de Oviedo (Comité de Solidaridad con América Latina), AMPAs del Villar PandoSan Pedro de los Arcos e IES Alfonso IIAsociación de Vecinos de Teatinos “Paulino Vicente”, de Vallobín, de Rondiella (Posada de Llanera, de la que fue fundador y presidente), fundador del Grupo de Perros de SalvamentoAteneo Republicano de Asturias (del que es vocal) y la Agrupación de Siero de IU (donde se encarga en la actualidad de las tareas de organización). De entre todas las entidades citadas, hay que destacar especialmente la Asociación de Amistad con el Pueblo Saharaui.

La vida de las personas está siempre atravesada por el recuerdo de lo que ya fuimos, de lo que aspiramos a ser, de lo que conseguimos o de lo que otros dispusieron para nosotros. Por eso aquí se relatan las dificultades por las que atravesó su familia en una posguerra llena de carencias de todo tipo. Vallina nació en los años cuarenta: los llamados años de la fame. A los nacidos en esa década y la siguiente siempre se nos amenazaba con aquello de “Ay, como vuelva otra vez otro cuarenta y uno”. Antes del nefasto golpe de estado militar del 18 de julio de 1936, las familias de sus abuelos vivían holgadamente en el desempeño de sus ocupaciones. El abuelo paterno, Arcángel, era militar de carrera con el cargo de comandante y la abuela Rogelia cuidaba de una familia compuesta por el matrimonio y dos hijos (Manuel, el padre de Vallina, y Luis). Su abuelo materno, Rafael (Falo), trabajaba en la Fábrica de Armas de La Vega y regentaba, junto con su esposa Herminia (simpatizante de Dolores Ibárruri), un bar en la calle de La Vega. Al estallar la Guerra Civil, tal como ocurriera en tantas otras familias, las circunstancias cambiaron bruscamente. Al abuelo Falo tuvo que salvarle la vida precisamente el comandante Arcángel, cuando intercedió por él resaltando su bonhomía ante un grupo de falangistas dispuestos a desaparecerlo del mapa. El abuelo Arcángel murió poco antes de acabar la guerra, después de verse obligado a dar una orden de fusilamiento de un grupo de republicanos, bajo amenazas de arresto y degradación. Al acabar la contienda, el abuelo Falo perdió su trabajo en la Fábrica de Armas y el bar Casa Falucho cerró para siempre.

La Fábrica de La Vega de Uviéu en 1934.

Sus padres, Manuel y Dionisia, se casaron en 1942 y lo tuvieron a él y a su hermana Lina. Pero, perseguidos por la desgracia, su padre (con 25 años) y el tío Luis (con 22 años) contrajeron la tuberculosis y fallecieron. Su madre Dionisia también se contagió poco después, pero ya pudo ser tratada con penicilina y sobrevivió, aunque siempre con achaques. Tanto él como su hermana pasaron a depender en lo fundamental de sus abuelos Falo y Herminia. Después de ir resolviendo los agudos problemas de vivienda que por entonces se padecían, su madre contrajo nuevas nupcias y, cuando Vallina cumplía quince años, comenzó a trabajar de aprendiz en un taller de reparación de coches en la calle General Elorza (Garaje Cuadrado). La verdad es que fue siempre un buen estudiante y, acabado el bachillerato en el Colegio Loyola, le hubiese gustado estudiar la carrera de Comercio, tal como le proponía su madre; pero, en aquellos momentos difíciles, su padrastro no se mostró dispuesto a ofrecer más sacrificios.

Vallina en sus años de boxeador juvenil.

En 1964 cuando, en paralelo a su trabajo, empezaba a ser considerado un púgil imbatible en los campeonatos de boxeo de Asturias, en la categoría de peso pluma, decidió emigrar a Alemania y comenzar allí una nueva etapa vital. En Stuttgart estaban sus tíos Esther y Luis que le ayudaron a instalarse. Allí consiguió vivienda propia y un trabajo en la empresa de Carrocerías Auwarter, que se encontraba en Möhringen, en una barriada de Stuttgart. Cumplidos los veintiún años, y llamado a filas por el Ejército español, decidió no regresar para cumplir el servicio militar. Por entonces conoció a Esperanza. Se casaron el 2 de agosto de 1969 y tuvieron dos hijos: Úrsula y Juan Manuel. Esperanza fallecería en Oviedo, el 5 de agosto de 1995, luego de veintiséis años de convivencia.

Manifestación de trabajadores españoles en Alemania.

En Alemania se reforzó su personalidad como trabajador eficiente y responsable y entró en contacto, a través del Centro Español, con militantes del PCE con los que a menudo coincidía en iniciativas, razonamientos y en las exigencias que les concernían como emigrantes. Cuando en Stuttgart se hizo una convocatoria abierta a la colonia española para participar dentro del Ayuntamiento en el Consejo Consultivo Municipal de Emigrantes, el Partido lo presentó a él como el candidato más idóneo y salió elegido. Una de las condiciones que cumplía para el cargo, aparte la disponibilidad voluntaria, era que dominaba perfectamente el idioma alemán. Los principios que lo orientaban eran el diálogo, la calidad de la información que se suministraba y la transparencia en cada actuación. Poco después el Partido le encargó la responsabilidad de crear organizaciones en todo el estado federal. De este modo se regularizaron ocho organismos locales del Partido que reunían a más de cien afiliados. Con el tiempo fue nombrado responsable de finanzas en el estado de Baden Württenberg, cargo que también compartía a nivel local. Una buena parte de los recursos económicos que se allegaban iban destinados al sostén de la lucha en el interior de España y a ayudar a las familias de los presos y represaliados políticos. Después del golpe de estado de Pinochet, en Chile, el 11 de septiembre de 1973, Alemania acogió a muchos exiliados chilenos y el PCE fue determinante tanto en los apoyos morales como en los asistenciales. Desde este acontecimiento tan punzante en Alemania y luego, desde 1977, ya en España, siempre sintió como propias las actividades relacionadas con la solidaridad internacional.

En Alemania entró en contacto con el PCE

Vallina es de esa clase de personas que nunca ayudan a los demás pensando en recompensas de ningún tipo. Jamás ha reclamado nada a nadie a cambio de la entrega generosa de sus esfuerzos. En cada una de sus acciones en la vida pública procura cumplir con lo que entiende que significa su compromiso con la dignidad. Gentes como él fueron la clave que explicaba aquella fuerza que el PCE tenía cuando sus militantes salían de la clandestinidad a mediados de los años setenta del pasado siglo XX, con las primeras luces de la indecisa predemocracia, clamando con orgullo aquellos lemas: “Amnistía, libertad” o “Aquí se ve la fuerza del Pecé”. Aquel PCE que, en la III Conferencia Regional, celebrada en Perlora (marzo de 1978), tenía representados a más de 10 000 militantes, en tanto que la rama juvenil, la UJCE, contaba con más de 2500 inscritos. El PCE tenía por entonces en todo el estado más de 200 000 militantes. El periódico Mundo Obrero difundía, en Asturias, en marzo de 1977, 10 000 ejemplares y alcanzaba la cota de 14 000 en enero de 1978, mientras el órgano del Comité Regional, Verdad, mantenía una tirada que podía llegar a los 8000 ejemplares.

Una vida que ha de servir como referente y estímulo para todos los activistas políticos y sociales del presente y del futuro, ya que muestra cómo se puede manifestar esa clase de rebeldía que no acepta que algo sea inmutable e invita siempre a organizarse con los iguales para luchar contra todo tipo de injusticias. Así concebía el plan de trabajo de los dos concejales de Izquierda Unida en Llanera, en la legislatura 2003-2007:

Allá donde había un problema, una demanda, una necesidad, allí estábamos nosotros cumpliendo con nuestra obligación. Ese y no otro era el compromiso que ambos habíamos contraído ante los ciudadanos que no era otro que el que corresponde a una organización pequeña (por la voluntad de los electores), pero dinámica y justa en la defensa de una sociedad mejor, donde la transparencia, la honestidad, la solidaridad y la justicia sean los valores a defender.

Juan Luis Vallina en una de sus visitas al Sahara.

Estamos ante un activista ciudadano que poco tiene que ver, ni en las formas ni en los contenidos, con quienes gestionan en estos momentos la política de manera profesional. Hoy que la función pública parece un oficio que consiste tan solo en la mera labor institucional, a veces como quien trabaja en una oficina. Una carrera de obstáculos a la que dedican demasiado tiempo en conseguir apoyos para escalar y permanecer bien asidos en ese escalafón que parte desde las directivas locales de los partidos, los cargos de concejales y alcaldes en los ayuntamientos, el nombramiento de consejeros regionales o cargos de adscripción dudosa muy bien retribuidos, diputados regionales y nacionales, senadores, eurodiputados y quién sabe si ministros. Hoy, cuando el quehacer político parece un empleo que debe durar para siempre, esta biografía viene a demostrar que ha habido y sigue habiendo personas comprometidas con los de abajo, con quienes sufren la injusticia económica y social, con los desheredados de la fortuna que necesitan con urgencia que se construya un mundo mejor, más igualitario y que desaparezcan los privilegios de grupo y de clase social.

Este libro es, además, como un manual para la acción presente y futura de cualquier activista político, social o cultural. Nada le es ajeno ni en lo local ni en lo global. Por eso aquí se reflejan las preocupaciones y la toma de conciencia de un sinfín de problemas de orden municipal, regional, nacional e internacional. Como es uno de esos militantes de oro posee el mérito de la coherencia con una trayectoria, el testimonio auténtico de los activistas que no se jubilan nunca y que ahora tiene el acierto de escribir un libro como este para atestiguar que la batalla en el campo de las ideas hay que darla constantemente en las instituciones, en las organizaciones políticas, ciudadanas y culturales, en la calle y tal como hace aquí tejiendo palabras para explicar cómo se puede llegar de la mejor manera a la conciencia de las gentes, cómo se actúa dentro de una asociación o dentro de un ayuntamiento como concejal y portavoz de un partido de izquierdas. En este sentido es memorable el capítulo dedicado a los sucedidos en el Ayuntamiento de Llanera: primero como presidente de la Asociación de Vecinos de Rondiella y más tarde en las dos legislaturas (2003-2007 y 2007-2011) dentro de una corporación con mayoría absoluta del PP. Su vida no tendría sentido sin las causas colectivas a las que se ha consagrado: en Alemania, en Asturias, en Oviedo, en Llanera y ahora en la Pola de Siero…

Vallina junto al activista saharaui Aby Athman

Cierro con las palabras con las que se presentaba como cabeza de lista en las Elecciones Municipales de 2003, en Llanera:

Para IU elaborar nuestro programa es fácil porque no responde a falsas promesas, sino a cosas sencillas y cotidianas que apreciamos en cualquier momento y en cualquier lugar.

   Las puertas del ayuntamiento deben abrirse de par en par. Que entre nueva luz y nuevos aires y que los ciudadanos y ciudadanas se sientan mejor representados.

   Toda mi vida la he dedicado al trabajo con la sociedad y la oportunidad de ejercer en política me va a permitir trabajar al servicio de todos y particularmente de los que teniendo voz no se les deja hablar, teniendo ojos no se les deja ver y teniendo oídos no se les deja oír.

Necesitamos un grupo municipal fuerte, compacto e influyente que solo con vuestra ayuda será posible.

               Contamos con vosotras y vosotros.

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