7 de mayo de 2021

La Voz de la Memoria

Treinta años sin Gabriel Celaya

Gabriel Celaya tenía este dibujo (que se publica por primera vez) en una de las paredes de su casa en el barrio madrileño de Prosperidad. Se lo hizo el artista cubano Juan David cuando Amparo y Gabriel viajaron a La Habana en 1968. El autor fue el maestro en Cuba durante cuarenta años de “la caricatura personal como expresión periodística”.

GABRIEL CELAYA ES EL MÁS OLVIDADO DE LOS MEJORES POETAS

Si lo buscas en los periódicos, en las librerías, en las escuelas, en los institutos y en las universidades, no lo encuentras. Tampoco en la pedagogía de la izquierda

JOSÉ MANUEL MARTÍN MEDEM
Seguir a @JoseMedem 

La Prospe se nubló con la muerte de Gabriel Celaya el 18 de abril de 1991. Desde entonces no hemos conseguido que le pongan su nombre a la plaza de nuestro barrio.

Gabriel Celaya es el más olvidado de los mejores poetas. Incluso por los nuestros.

Hay insurgencias, alegrías y angustias que solo se pueden compartir con sus versos pero al poeta que escribía en plural lo han escondido para que no puedan aprenderlo los nuevos camaradas.

¿Por qué no reclamaron los que podían y debían cuando Caballero Bonald (el señorito le llamaba Amparitxu) lo dejó fuera de la colección de poetas contemporáneos de El País? ¿Por qué no tiene una calle en Madrid como Blas de Otero?

Si lo buscas en los periódicos, en las librerías, en las escuelas, en los institutos y en las universidades, no lo encuentras. Tampoco en la pedagogía de la izquierda.

En el barrio madrileño de Prosperidad tuvimos como vecinos a Gabriel y Amparitxu. Combatientes de la ternura y de la solidaridad. Arrinconados. “Escribiría un poema perfecto -decía Gabriel- si no fuera indecente hacerlo en estos tiempos”. Celaya padeció y peleó el tiempo indecente de la dictadura franquista y la esperanza de la transición en la que se incubaron tantas indecencias. Ahora la indecencia del olvido.

Lo conocí en sus últimos veinte años. Ya lo excluían por haberse atrevido a ser Gabriel Celaya. Los poderosos de la cultura y de la comunicación pero también muchos que parecían de los nuestros.

Se fueron evaporando los amigos que iban cambiando hacia la comodidad. Se fueron cerrando las posibilidades de que lo conocieran los nuevos compañeros. Triste soledad del que escribe para compartir.

En la Prospe tenía un microclima. En su barrio seguimos queriendo a Gabriel y a Amparitxu. Los recordamos con las flores amarillas que se regalaban. Tenemos sus fotos en Casa Emilio, la cervecería del poeta.

Sabemos que es un poeta de hombres libres y le acompañamos porque nos encamina. Pero es muy poco para quien tanto significa. Podríamos celebrar un homenaje perfecto si no fuera indecente hacerlo después de tanto tiempo.

Vía mundoobrero.es

A %d blogueros les gusta esto: