20 de abril de 2021

Radio Republicana

La Voz de la Memoria

ANA MESSUTI, ABOGADA DE LA QUERELLA ARGENTINA, EL DERECHO, LA MEMORIA Y LA JUSTICIA, POR ENRIQUETA DE LA CRUZ*

Tras leer el último libro publicado por la abogada Ana Messuti: DERECHO COMO MEMORIA Y JUSTICIA (todo ello con mayúsculas), editado por Postmetropolis, a una le queda absolutamente claro en qué país vivimos y qué podemos esperar si no abrimos los ojos y exigimos de una vez por todas, por todos, por todo lo ocurrido y lo que aún pasa y nos afecta sobremanera, en lo esencial de cada vida… También se ve por qué la querella no se ha instruido aquí mismo…

Ana Messuti doctora en Derecho, especialista en Filosofía del Derecho; ex funcionaria de las Naciones Unidas, es miembro del equipo de abogados que interpuso en 2010 la Querella argentina por las víctimas del franquismo.

Su libro es académico, riguroso y accesible; no especula sino que se asienta sobre pilares firmes del Derecho, con el resultado de una luz absoluta, esclarecedora al máximo. Es una construcción impecable que no deja de detenerse en cualquier aspecto importante, comenzando por el lenguaje y los conceptos. Qué es la verdad, que son los crímenes ausentes, qué es el derecho universal, cuáles son los principios del Derecho y su aplicación, qué es la conciencia jurídica universal, etc. Tanto teoría como praxis caben, se complementan, en esta obra científica y humana al tiempo, didáctica cuando nos enseña el por qué de la importancia en el derecho y en la justicia del contexto y la experiencia, los avance del tiempo; el por qué hay dedicarse a las víctimas.

Sobre la praxis nos aclara en qué ha consistido y consiste la Causa argentina por las víctimas del franquismo, qué logros y qué tropiezos podemos comprobar, cual ha sido la presencia de la mujer en esta Querella, y qué importancia ha tenido el caso de la exhumación de Timoteo Mendieta, qué universalidad. Hay que recordar que fue la primera exhumación de restos (los suyos y de otros 49 fusilados), realizada por orden de un juez, en este caso, la jueza Servini, que instruye la Causa, sentando un precedente internacional y de cooperación judicial de España con Argentina.

Citando a Vattimo (el libro está lleno de referencias y citas importantes), Messuti  recoge la siguiente reflexión muy a tener en cuenta en tiempos de relativismos nada inocentes. Dice: cuando “se nos invita a pensar que no hay hecho, solo interpretaciones, nos sentimos inmediatamente perdidos, sin terreno bajo los pies, y reaccionamos generalmente de manera neurótica, como afectados por un ataque de agorafobia, de miedo al espacio libre que se hace frente a  nosotros. Un miedo que se hace más intenso si abandonamos el camino de la filosofía y entramos en el de la política…. Allí donde la política busca la verdad, no puede haber democracia”.

La abogada deja claro que hay derecho a la verdad y a la memoria de los crímenes y que este derecho requiere que dichos crímenes “sean sometidos a la justicia, no dejarlos librados a eventuales arrepentimientos ni reconciliaciones”. “La memoria –remarca- pide que la justicia se manifieste aunque la única forma de hacerlo sea diciendo la verdad, su verdad, aunque ya sea demasiado tarde para aplicar una pena”. (Se refiere a la cantidad de victimarios que ya han muerto, de los autores de los crímenes, vaya, que ya no podrán ser sujetos de una pena).

Como dice, para la justicia, que es el verdadero objetivo del Derecho, “no buscamos la verdad del historiador, sino la del juez. El crimen, sin la interpretación jurídica y la declaración correspondiente, no es crimen ni la víctima es víctima”. Con esa declaración, “los verdugos serán verdugos y las víctimas, víctimas; los asesinatos, asesinatos y en ese momento se equipararan verdad y justicia…”.

El esfuerzo, debe estar dirigido al conocimiento y al reconocimiento. Y a evitar actitudes negacionistas. “La fuerza de lo juzgado” es tal que a partir de entonces “ nadie podrá poner en cuestión su existencia… (la de los crímenes), ni la carga de la injusticia… que ha levado consigo. Lo que en realidad se exige es que la verdad histórica sea calificada jurídicamente”.

La obra nos aclara en qué consiste la impunidad y sus consecuencias, cuándo y por qué tiene que actuar el derecho internacional, qué son los crímenes lesa humanidad como los que aquí se cometieron, y por qué no prescriben ni se le puede dar carpetazo sin más con una Ley de Amnistía como la que rige en España y que es la clave de la bóveda del edificio postfranquista que sufrimos, del atado y bien atado.

Las claves y las llaves

Independientemente de la trascendencia universal de la Causa, bien explicada, de los logros de la Querella, y de que aún quedan más pasos hasta el visto para sentencia que serán muy importantes, el libro, una auténtica joya en muchos sentidos, es, a mi juicio, muy relevante porque nos ayuda a saber:

1.- ¿Por qué estamos en un callejón sin aparente salida donde todos los actores se cubren entre sí?: Porque hubo un pacto y una Ley de Amnistía para lo que es inamnistiable. Por cómo se aplica la ley (en un lo niego todo y te hago el lío). Por las miles de trampas y laberintos en que se hace caer la Justicia para que se despeñe. Y por la simple y llana voluntad política de que todo siga como hasta ahora: silencio, olvido e impunidad.

2.- ¿Es imposible de veras una salida democrática, justa?: No, simplemente bastaría con anular dicha ley (nulidad de pleno derecho) y hacer lo mismo que ya hiciera Argentina con su propio problema: legislar donde haga falta. Y esto, lectores y lectoras ¿cuándo si no es ahora con un Gobierno progresista, 80 años después del comienzo de los crímenes y 40 y más después de la Transición que más bien parece la transición a ninguna parte en este juego circular de la Oca o del eterno retorno? Seguimos en el pozo y bien en el pozo mientras otros actores, aparentemente “por nuestro bien” hacen y deshacen por la gracia otorgada de ese genocidio.

Hecha esta disertación, sigo con la reseña, para situarla.

Messuti nos aclara el ordenamiento tal como rige y es interpretado por una mayoría de jueces en nuestro país para los autores de determinados hechos acaecidos en dicha época siempre que los sujetos afectados por esos hechos pertenezcan a un grupo determinado de personas (los rojos, los no afectos al régimen, etc.). Y se entiende que, simplemente, aquí se niega la mayor, pues “si bien el ordenamiento español ha incorporado en su legislación penal los tipos delictivos a los que nos referimos como crímenes contra la humanidad y genocidio, la interpretación de los hechos en cuestión, impide que se los considere dentro de esas categorías”.

“Los hechos se ven como delitos aislados, no se observa el contexto de violencia sistemática y generalizada que permite la configuración de los crímenes contra la humanidad …, los crímenes no se consideran crímenes internacionales, sino crímenes ordinarios, con la aplicación consiguiente del principio de irretroactividad de la ley penal menos favorable, de la prescripción y la Ley de Amnistía”.

“Eso se debe, por una parte, a que ha sido el propio aparato estatal, el propio Estado el que ha cometido o amparado esos crímenes”. Añado yo que un Estado que se constituyó mediante el acto vil de la toma por las armas, por la fuerza, de una violación del propio derecho vigente que era el del Estado de derecho democrático vigente… O sea, hicieron el Estado que hicieron partiendo de una fuerza que hizo leyes ad hoc para perpetuar la dictadura y el crimen.

A las víctimas se les cierra la puerta para reclamar por lo padecido, por un lado, por la interpretación que se da al ordenamiento jurídico vigente. Y es que, como nos afirma esta obra: “la impunidad supone la aceptación tácita de los valores reivindicados por los represores de ayer, por el totalitarismo. No nos disociamos de esos crímenes, al no perseguirlos ni juzgarlos, los estamos aceptando”. Y ojo, porque estos crímenes se han sucedido durante más años de los que suponemos, como nos aclara el libro, que sigue:

“Con la impunidad para los crímenes del franquismo el Estado Español no solo no castiga a los autores de crímenes contra la humanidad sino que continúa causando daños a determinada categoría de ciudadanos. En cierto modo podría decirse que los castiga”.

En definitiva. “La represión encuentra una buena continuación en la impunidad. Y esta, a su vez, favorece las condiciones para que regrese la primera”. Es donde estamos…

Pero, claro y ojo, con lo que dice también al volcar su experiencia en la Querella argentina, nos descubre: “somos conscientes de que no son los argumentos esgrimidos por la justicia española la razón para no ocuparse de los crímenes cometidos durante el franquismo, sino que una decisión previa de no ocuparse de esos crímenes la ha llevado a buscar, encontrar y afianzar argumentos que respalden esa decisión. No se trata de una postura de teoría general del derecho. Se trata de una auténtica voluntad política que se legitima escudándose en determinados principio e instituciones jurídicas. Como si hubiese un imperativo, que en muchos casos se considera consecuencia de un compromiso político sellado en la ley de Amnistía, de que no se hable más de ellos”.

Para Messuti y para cualquier persona con información, conciencia humana, sentido común, sentido democrático, y justa, la cuestión es que “nuestro presente tiene una exigencia respecto a nuestro pasado… Se trata del reconocimiento del valor ético de nuestra procedencia, de una ampliación de nuestro horizonte que nos lleva a hacer propia las verdades pasadas, a no cerrar los ojos ante todo aquello que nos ha sido transmitido, y que nosotros a la vez transmitiremos. Si estas verdades constituyen nuestra herencia, no podemos aceptarlas sin más. Es necesario que hagamos Beneficio de inventario, lo que significa aceptar aquello que nos parece bien y disociarnos claramente de aquello que nos parece mal. Es decir, calificar como criminales los hechos que ahora, conforme a nuestro horizonte jurídico actual, consideramos criminales, a pesar de que en el pasado no se los ha juzgado como tales. En  ello está en juego no solo la ética que vivimos ahora, sino la que transmitiremos”.

La abogada afirma absolutamente claro que “los hechos denunciados por las víctimas en la Querella han de considerarse crímenes, aun en el caso de que se hubiesen cometido al amparo de la legislación vigente en esa época”. Y, además, es verdad que, “no podemos prescindir de los valores de nuestro tiempo cuando juzgamos acontecimientos pasados…”.

Cuando alguien mandó parar

Messuti subraya la contribución de España a los juicios a los militares y genocidas argentinos, con los que se habían iniciado en nuestro país contra ellos y por las sentencias emitidas por el Tribunal Constitucional y el Supremo en el caso de Guatemala (23 de septiembre de 2005) y el caso Scilingo (2 de julio de 2007), respectivamente. “Sentaban antecedentes muy valiosos sobre la jurisdicción universal y la aplicación de la normativa internacional para proteger los derechos humanos”, afirma.

“No obstante, la situación en España cambió notablemente”, nos recuerda. “En 2006 llegaron al Juzgado central de instrucción nº 5, a cargo del juez Garzón, denuncias en las que se solicitaba una investigación sobre los asesinatos, desapariciones, torturas y exilios forzados cometidos en España desde 1936. En 2007, asociaciones de familiares desaparecidos presentaron nuevas denuncias penales ante la Audiencia Nacional”. Y según palabras del propio Garzón, que transcribe Messuti: “En un principio la Fiscalía aceptó la investigación, pero algo cambió, porque el 29 de enero de 2008 emitió un informe contrario a la competencia del Juzgado de Instrucción número 5 sobre dichas denuncias (el fiscal se basaba en la Ley de Amnistía de 1977)”.

No obstante lo anterior, el libro de Messuti, que no tiene desperdicio en ninguna de sus páginas, nos dice bastante más. Y aún habría muchísimo más que reseñar y subrayar, pero dejo al lector que ahonde y se sorprenda del caso en la historia y en el presente que somos: sin precedente y sin igual entre todos los países desarrollados (supuestamente lo somos), democráticos, desde luego, y desde luego, entre los socios comunitarios. Absolutamente impresentable seguir así, absolutamente innecesario. No hay más excusas. Tenemos pendiente justicia, única vía para no seguir con el crimen. Para empezar de verdad a construir una  democracia.

*Enriqueta de la Cruz, periodista, escritora

Desde federación de republicanos (RPS)

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