5 de diciembre de 2020

Radio Republicana

La Voz de la Memoria

Samantha Vallejo-Nájera, la «emprendedora» nieta del «Mengele español»

El único mérito, si ha eso se le puede llamar así, que le puede difrenciar de una española normal, es poseer el apellido que tiene. Y a esas familias privilegiadas del franquismo, son las que promocionan los medios, los bancos, la oligarquía… ¿Y detrás de ese apellido qué hay? Te lo contamos.

El abuelo de Samantha fue un psiquiatra y Coronel franquista que consideró a los rojos en sus escritos «individuos mentalmente inferiores y peligrosos en su maldad intrínseca»

CaixaBank ha presentado la semana pasada una nueva plataforma de educación financiera, «Mucho por Hacer», ubicado dentro del portal global de cultura financiera de la entidad denominado CaixaBank Life, a través del cual difundirá conceptos financieros. La cultura del dinero. La entidad financiera pretende profundizar en conceptos como el emprendimiento, ahorro e inversión, economía familiar, endeudamiento o seguridad bancaria.

Cada mes, se publicará en la web una entrevista con una personalidad, que explicará su historia personal y la importancia que un determinado concepto de cultura financiera ha tenido en su proyecto vital. Marc Gasol y Ferran Adrià serán algunos de los invitados, pero nos llama la atención otra presencia: la popular chef Samantha Vallejo-Nágera, cuya fama se expandió al ser jurado en el programa español MasterChef.

Vallejo-Nágera, hija y nieta de psiquiatras famosos, tiene un estatus social y económico que otros quisieran, aunque la herencia es otra, siendo una mochila de depuraciones en el franquismo la que más pesa y debería ser tenida en cuenta a la hora de usar esos apellidos como ejemplo.

«El mengele español»

Antonio Vallejo-Nájera Lobón, el abuelo de Samantha, primer catedrático numerario de Psiquiatría en la Universidad de Valladolid, fue conocido como «el Mengele español» por sus teorías y su participación en las depuraciones del franquismo.

Licenciándose en 1909, en 1917 fue nombrado agregado de la embajada de España en Berlín, como miembro de la comisión militar que debía inspeccionar los campos de prisioneros de guerra. De nuevo en España, fijó su residencia en Madrid y dirigió, desde 1930, la clínica psiquiátrica de Ciempozuelos.

Fue admirado por Franco tras dedicarle un libro sobre la psicopatología de la guerra, al que incorporaba algunos estudios previos sobre la relación entre marxismo y deficiencia mental, «en respetuoso Homenaje de admiración al invicto Caudillo Imperial, Generalísimo de los Ejércitos Españoles de Tierra, Mar y Aire».

Afecto al nazismo, durante la Guerra Civil el coronel Vallejo-Nájera dirigió los Servicios Psiquiátricos del Ejército franquista y escribió extensamente sobre la degeneración de la raza española, que, según él, habría ocurrido durante la República, tal y como se recoge en el libro Los psiquiatras de Franco. Los rojos no estaban locos (Barcelona: Península, 2008).

Divagaciones intrascendentes

Su identificación con los militares sublevados le llevó a publicar, a partir de 1936, escritos de tipo político que nada tienen que ver con la psiquiatría. Así, en 1938 publicó Divagaciones intrascendentes, panfleto propagandístico del nacionalcatolicismo, donde se exalta a quienes combaten bajo el mando de Franco en la «Cruzada»: «Todos debemos unirnos en el Ejército y en su Caudillo, constructor de la Patria». 

En ese libro propone la creación de una Inquisición para la prensa, la tribuna y la radio, y presenta la guerra como necesaria para reconquistar los principios del cristianismo, todo ello con profusión de expresiones racistas-antisemitas. Finalmente, confía en que los enemigos de la Patria (demócratas e izquierdistas) «sufrirán las penas merecidas, la de muerte la más llevadera».

Gabinete de Investigaciones Psicológicas

En 1938 solicitó al dictador la creación del Gabinete de Investigaciones Psicológicas con el objetivo de patologizar las ideas de la izquierda. Los resultados de sus investigaciones proporcionaron al alto mando militar los argumentos «científicos» necesarios para justificar por qué presentaban a sus adversarios como una especie infrahumana, y Vallejo-Nágera fue ascendido a coronel.

El gen rojo

Vallejo-Nágera sometía a los prisioneros a distintos tests psicológicos cuando estos se encontraban ya al borde del colapso físico y mental. Seleccionaron a sus sujetos clínicos entre dos grupos: uno de prisioneros miembros de las Brigadas Internacionales de San Pedro de Cardeña, y otro compuesto por 50 presas republicanas malagueñas, 30 de las cuales se encontraban a la espera de ejecución. El estudio de las mujeres, a partir de la premisa de que eran seres degenerados y, por tanto, proclives a la delincuencia marxista, sirvió al psiquiatra para explicar la «criminalidad revolucionaria femenina» en relación con la naturaleza animal de la psique femenina y el «marcado carácter sádico» que se desataba en las hembras cuando las circunstancias políticas les permitían «satisfacer sus apetencias sexuales latentes».

Según Eduard Pons Prades en su obra Los niños republicanos (RBA, 2005), Antonio Vallejo-Nájera «dirigió, en 1938, un estudio sobre los prisioneros de guerra republicanos para determinar qué malformación llevaba al marxismo. O sea: iba en busca del gen rojo». Afirmaba en sus estudios que las mujeres republicanas eran comparables a niños y los animales y que cuando se rompen los frenos sociales son crueles por faltarles inhibiciones inteligentes y lógicas, además de tener sentimientos patológicos.

Parte de su bibliografía y sus investigaciones están encaminadas a demostrar que el marxismo es una enfermedad mental, que existe un gen rojo que hace enfermar a las personas y que lo mejor es que los rojos no tengan hijos o, si los tienen, se les separe de sus padres», explica Montse Armengou.

Eugenesia positiva

En su libro Eugenesia de la hispanidad y regeneración de la raza, Vallejo defendía la «eugenesia positiva», cuyo fin era «multiplicar los selectos y dejar que perezcan los débiles», que en su universo obsesivo eran los rojos, a quienes consideraba «individuos mentalmente inferiores y peligrosos en su maldad intrínseca».

La conclusión de sus teorías la expuso en La locura y la guerra: psicopatología de la guerra española, en el que abogaba por la separación de los hijos de los padres de los marxistas, pues «la segregación de estos sujetos desde la infancia podría liberar a la sociedad de una plaga tan temible».

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