25 de octubre de 2020

Radio Republicana

La Voz de la Memoria

El país en mi bolsillo

Jaime Cedano
Palabra Itinerante

Gioconda Beli escribió “El país bajo mi piel”, un libro revelador y polémico, que nos habla de sus experiencias como mujer, madre, intelectual y militante en una Revolución, con todas sus pasiones, egoísmos y lealtades, que ella vivió en la insurgente Nicaragua sandinista. El libro, sobre todo su título, nos viene a la cabeza pensando en Álvaro Uribe y el decir generalizado de que tiene el país en sus bolsillos y que quizás pudiera escribir un libro titulado, “El país en mis bolsillos”. Y en detención domiciliaria tendría tiempo y comodidades para hacerlo. Uribe es la única persona subjudice en el mundo mundial detenida en una prisión de 1.500 hectáreas de verdes y hermosos pastos, montañas, ríos, piscinas, caballerizas, con 300 cuidanderos/escoltas, además de mucamas, cocineros, pajes, mayordomos, capataces, canales de televisión y emisoras de radio a su permanente servicio, y un batallón de abogados para armarle montajes, chantajes, amenazas, vendettas y enredos jurídicos a sus adversarios y a sus acusadores. Pero como en el poema de Pablo Neruda a Laureano Gómez, en la inmensidad del Ubérrimo, Uribe es un “sátrapa triste, un rey advenedizo, un decadente emperador de cuarto piso, antes de tiempo y sin cesar pagado”. Pero hay que decirlo, Uribe está encerrado, pero aún no está derrotado, y es un vehemente guerrero. Taimado y oportunista, ladino, traidor y retrechero, pero un guerrero duro de vencer que morirá matando. En su dorado encierro controla buena parte del Estado colombiano. Tiene presidente a su servicio, Consejo Nacional electoral, Defensoría del Pueblo y Contraloría. Al incondicional Fiscal General y a las mayorías del congreso y ha colocado a quien será en pocos meses la Procuradora General. ¡Tiene el país en sus bolsillos!

Vive Álvaro Uribe entre la rabia infinita y la burlona alegría. Así sea en su paraíso, está encerrado, y está subjudice, tiene que responder ante los jueces, tiene que explicar, e intentar demostrar su inocencia, y a su vez sigue moviendo fichas políticas importantes, es determinante, decisivo. Pero él sabe que el que mucho abarca poco aprieta, y ha pretendido abarcarlo todo. Y además, el tiempo se le está acabando. Tiene ahora el control de casi todo, pero ya no el de la gente, sobre todo el de las nuevas generaciones que empiezan a imaginarse un nuevo país. En el que ya no cabe Uribe. Por eso vuelve Neruda a retratarlo. “Administras las tumbas del pasado, y hechizado aprovechas el hechizo, en el agusanado paraíso donde llega el soberbio derrotado”. Estamos asistiendo al fin de la existencia de un imperio, y por ello los hijos saltan en defensa de la dinastía y la heráldica. De un proyecto que un exfiscal general señalara que es la culminación del proyecto paramilitar y otros arguyen que es la realización del sueño de poder de Pablo Escobar.

Antes de los nuevos tiempos, los demonios de ese viejo mundo que se niega a morir invocarán tormentas, sangre, venganzas y tragedias.

Por eso nos aferramos al parto necesario de lo nuevo, de esa Colombia joven y rebelde, diversa y plural como la del 21N, que encerrada por la pandemia se ha volcado en las redes y ha protagonizado una hermosa jornada en la tarde/noche de este 30A, y que puede ser susceptible al Pacto Histórico, si se aprende a entender de su pluralidad, diversidad y sus maneras.

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