23 de octubre de 2020

Radio Republicana

La Voz de la Memoria

Los franquistas MATARON a decenas de REPUBLICANOS en Benamahoma (Cádiz), de agosto a septiembre de 1936. Parte 2, Violaciones y Crímenes

Benamahoma 2 word press


Viene de Parte 1, Represión y Fosas

En un estudio pionero acerca de la excepcionalmente feroz represión sobre la población civil en la aldea de Benamahoma, Francisco Maestre Espinosa recopila un documento de un archivo militar de Sevilla que representa la fascinante e inusitada convergencia entre los testimonios de las víctimas de brutales represalias fascistas. M.G.G., por ejemplo, describe repetidas violaciones a manos del cabo Juan Vadillo Cano, comandante de la Guardia Civil en Benamahoma entre septiembre y diciembre de 1936, armado con correaje y pistola y “siempre borracho”.

Como consecuencia de las repetidas violaciones M.G.G. dió a luz a un niño. Esta mujer, la noche siguiente del asesinato de su esposo, el 28 de septiembre, y en otras ocasiones, tuvo que participar en un baile organizado en el cuartel por los agresores, que incluían no sólo al mismo Vadillo sino hombres de la temida escuadra fascista los “Leones de Rota.”, comandada por el asesino y violador Fernando Zamacola, inmortalizado por romper el cerco Republicano en el pueblo colindante de Grazalema, dejando entrar a las tropas sublevadas el 15 de septiembre.

Isabel González Jarillo, cuyo padre y 3 hermanos fueron fusilados, fue obligada, igual que la vecina M.G.G. y 2 mujeres más que perdieron familiares en la “pacificación” de Benamahoma, a servir como criada en el cuartel falangista del pueblo. Fue víctima de abusos por parte de Vadillo y Fernando Zamacola. La declaración de Isabel incluye los detalles de la violación que sufrió a manos de Zamacola: Recordó que hacia mediados de septiembre Vadillo y Zamacola estuvieron en su casa, la amenazaron con fusilarla o pelarla. Unos días después, estando en casa de su tía, se presentó un falangista armado con orden de llevarla ante Zamacola para unas preguntas. Camino del cuartel de la Falange se les unió Zamacola con unas llaves en la mano y al pasar junto al matadero de la localidad la obligó a entrar y la violó. Durante una procesión religiosa de San Antonio durante los años 40, los cabecillas locales responsables del asesinato del esposo y los tres hijos de Josefa González, “la Gonzala”, desfilaron por la calle, acompañando al santo. Josefa, madre de Isabel, una de las mujeres violadas, les gritaba, “criminales, canallas, canallas, criminales”.

Ana Mateo Domínguez, esposa de Manuel Salguero Chacón, elegido concejal por Izquierda Republicana en Grazalema en 1936, y madre de Manuel, niño de 15 años, declara que los 2 fueron detenidos y fusilados en el cementerio de El Bosque. El hombre responsable de la muerte de Manuel Salguero Chacón y Manuel Salguero Mateo, padre e hijo, quería apoderarse del puesto de cartero del padre asesinado, cosa que logró. Pero poco después de emprender el recorrido de cartero, un camino que el otro siempre había hecho acompañado por el hijo adolescente fusilado junto con él, el culpable renunció al puesto. El asesino no pudo aguantar el sonido de los llantos del joven asesinado que oía, decía la gente del pueblo, cuando pasaba por el lugar donde murieron padre e hijo, abrazados.

Fermina Rodríguez Gallego, viuda de Alonso Román Chacón, guardaba el reloj del bolsillo de su marido, tesoro familiar que Fermina había escondido a raíz del asesinato de su esposo, una victima más de la oleada de cruentas represalias. El reloj familiar tan valorado por el hijo de Alonso, Pepe Román, forma parte de una tragedia inconcebible, en la cual tanto Alonso como Pepe se encontraron en el paredón de la muerte. Pepe había huido al monte, y cuando los falangistas registraron su casa, se llevaron al padre en lugar del hijo. Los falangistas fusilaron al tío y al padre el 18 de septiembre en El Bosque; diez días después en Benamahoma, Pepe igualmente se enfrentó con sus verdugos delante del muro de la iglesia. Una intervención a última hora por parte de un maestro falangista le salvó la vida a Pepe. A Fermina le dieron un purgante de aceite de ricino, la pelaron, y para diversión, le dejaron un moñito para burlarse de ella.


Documentos: Eldiario.es (Juan Miguel Baquero). “De puertas para adentro es donde había que llorar” (Francie Cate-Arries)

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