30 de octubre de 2020

Radio Republicana

La Voz de la Memoria

Spain´s former King Juan Carlos I arrives to attend commemorative acts marking the 40th anniversary of the Spanish Constitution at the parliament in Madrid on December 6, 2018. (Photo by CURTO DE LA TORRE / AFP)

CRISTINA FALLARÁSpublico.es

Una democracia se basa en la comunicación. Lo llaman “el cuarto poder” y, sin embargo, debería ser el primero, ya que sin ella todo el resto serían poderes ABSOLUTOS. Sí, voy a hablar del rey Juan Carlos I y del silencio, de la responsabilidad de los medios de comunicación y su progresiva y sostenida podredumbre. De cómo nada de esto merece el nombre que le damos.

Empecemos por el principio, que la cosa es fácil. Se llama Democracia. Por un lado, usted elige a sus dirigentes. Por otro, paga una parte de lo que gana (también de lo que no gana) para que las cosas funcionen, las cosas de todos y todas, desde los semáforos a la Sanidad, desde la recogida de basuras a los cuerpos policiales o la Enseñanza, y así miles y miles de asuntos públicos a los que llamamos “esta vida”. O sea que usted paga a cambio de vivir como vive. A lo que paga lo llamamos impuestos. Es muy básico todo. Usted elige a sus políticos basándose en lo que ellos dicen que van a hacer con lo que paga (impuestos), o sea según la forma en que proponen distribuir y gastar su dinero, el de usted. ¿Y cómo conoce usted esa “forma de gastar” que le permite elegir a uno u otro dirigente? Gracias a los medios de comunicación de masas. Ahí se entera. O no.

El siguiente papel de los medios consiste en fiscalizar a los poderes públicos para que cumplan con aquello a lo que se han comprometido y para lo que usted los ha elegido. A ellos, y no a otros. Los medios también deben vigilar que la Justicia y las demás instituciones del Estado funcionen tal y como hemos pactado y exigimos. Y además, para ir retratando la sociedad en la que usted vive, de forma que conozca su entorno, las carencias, los éxitos y los fracasos, etc. Así, usted puede volver a elegir cada cierto tiempo y cambiar su opción. O no cambiarla.

Que la monarquía rompe con todo lo anterior, a lo que denominamos Democracia (así con mayúsculas), es evidente desde el momento en que nadie puede elegir a dichos dirigentes, nada menos que la Jefatura del Estado. A eso hay que sumarle que no tienen los mismos derechos y deberes que el resto de la ciudadanía, además del detalle de que el rey que ostenta hoy dicho relevantísimo cargo lo hace por haber nacido de la coyunda entre su padre y su madre. Si me quedara humor hoy podría llamarlo Jefatura copulativa. La guinda se llama inviolabilidad, por la que el Jefe del Estado, en este caso un rey, no solo no puede ser sustituido si comete alguna tropelía, sino que ni siquiera puede ser juzgado, sea esa fechoría la que sea.

Ah, pero en cualquier democracia sana, ahí intervendrían los medios de comunicación, cuya función consiste en todo lo anterior, que podríamos resumir en INFORMAR.

El DEBER de los medios de comunicación consiste en informar sobre las actividades del Jefe del Estado, incluso siendo este un rey, incluso habiéndolo declarado “inviolable” nada menos que en la Constitución. No se trata de que puedan o no informar. No se trata de que existan opciones, de cómo contaralo. Se trata de su RAZÓN DE SER. Está en su definición. Y si no lo hacen, no pueden considerarse medios de comunicación por la misma razón que si los gobiernos no se eligieran por votación, no podríamos llamarlo Democracia. Hasta tal punto. Si un instrumento con la forma de un lápiz, la madera de un lápiz etc no tiene una barra de grafito en su interior o cualquier otra sustancia que permita escribir, no es un lápiz. Porque, POR DEFINICIÓN, un lápiz sirve para escribir, dibujar, etc. O sea que si no pinta porque carece del material que lo permite, no es lápiz. De la misma forma, si lo que tiene usted delante le parece un periódico o una televisión, si lo que escucha le parece una radio, pero no informan, no son medios de comunicación.

Exactamente eso es lo que ha sucedido en España durante más de cuatro décadas en las que consideramos haber vivido en democracia. Sin embargo, los medios de comunicación no han sido tales, ya que no han informado (entre otras cosas) sobre las actividades del Jefe del Estado, en este caso, ay, un rey. O sea, no se pueden llamar medios de comunicación. Como he empezado diciendo en este artículo, sin medios de comunicación no hay Democracia. Solo PARECE que hay Democracia porque PARECE que hay medios de comunicación.

Ah, pero puede ser aún más grave. Tendríamos un problema serio si los medios de comunicación no le hubieran informado a usted por negligencia, por desconocimiento, por haber hecho dejación de sus funciones a la hora de fiscalizar el ejercicio de la Jefatura del Estado. Sin embargo, su función ha sido otra. De eso se trata. No es que durante cuatro décadas TODOS los grandes medios de comunicación españoles hayan fallado en su deber a este respecto. Es que durante cuatro décadas, el PAPEL de todos los medios de comunicación de este país ha consistido en SILENCIAR las actuaciones de Jefe del Estado, nada menos que del Jefe del Estado. “Todos lo sabíamos” es la frase más oída entre los periodistas en los últimos meses. Se refieren a la fortuna del rey Juan Carlos I, a sus comisiones, al uso de su cargo para enriquecerse, a las actividades impropias de su cargo realizadas con la reverencia del resto de poderes del Estado.

O sea, que todos los grandes medios de comunicación de España han silenciado durante cuarenta años toda información relativa al Jefe del Estado.

Vamos allá, pues, que una cosa lleva a la otra:

  1. La función de los medios de comunicación es informar.
  2. Silenciar es lo contrario de informar.
  3. Si los medios de comunicación se dedican a silenciar no pueden considerarse como tales. Es más, podrían considerarse cosas más terribles para las que necesitaría otro artículo entero.
  4. La Democracia no existe sin los medios de comunicación y la estricta función que les corresponde.

Ahora pónganle ustedes nombre a esto en lo que vivimos.

Y yo, Cristina Fallarás, llevo más de 30 años trabajando en esos medios de lo que les hablo.

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