26 de octubre de 2020

Radio Republicana

La Voz de la Memoria

La Covid-19, el racismo y la xenofobia

Mario Antonio Padilla Torreshttps://www.alainet.org/es/

La primera mitad del siglo XX, fue especialmente trágica con el exterminio de millones de personas entre la primera y segunda guerra mundial, en muchos casos justificado por la xenofobia y el racismo. Se suponía que con la victoria sobre el fascismo se enterrarían estos dos fenómenos. La realidad es que los movimientos nazis, neonazis, racistas y xenófobos han persistido, y reaparecen con mayor fuerza en los momentos de crisis.

La Covid-19, ya se halla en más de 180 países indicador este que perfila como una pandemia letal, no todos los gobiernos asumen con objetividad el combate de este coronavirus, ni defienden la unidad internacional para vencerla.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU), ha hecho un gran llamado a la unidad, la Organización Mundial de la Salud (OMS), firmemente explicó que lo importante no es buscar el culpable del virus, de hecho, no considera que existan culpables como aseguran diversas teorías de la conspiración. De lo que se trata es de unirse para combatirlo, trabajar de forma solidaria y no dejar solo aquellos que no poseen ni los medios y el capital humano necesario.

Hay algo que es importante tener en cuenta, por cuanto se ha convertido en parte inalienable de la letalidad de esta pandemia: el desarrollo sin freno del racismo y la xenofobia, flagelos que llevan siglos destruyendo al ser humano. Racismo y xenofobia han constituido parte de la propagación de muchas pandemias. Su expresión más amplia se evidencia en la destrucción de muchos pueblos.

La xenofobia y el racismo no son flagelos modernos, sin embargo, no siempre se ha luchado contra ellos, las sociedades donde impera la actitud de unos seres humanos por encima de otros son sociedades enfermas también, porque resultan ser generadoras de desigualdades.

Hoy el mundo está cambiado, los gobiernos en su mayoría han perdido el azimut del camino, los problemas de miles de año se reproducen, los vicios de los poderosos se traducen cada vez más en posiciones xenofóbicas y racistas. La lucha contra un nuevo coronavirus no es ajena a este escenario.

La COVID-19 es nueva… el racismo y la xenofobia no

Desde que los seres humanos comenzaron a enfrentarse por lograr el poderío de unos sobre otros, afloraron los primeros vestigios del racismo y la xenofobia; existían otros nombres, pero la esencia era la misma. Se luchaba por poder, el ganador trataba al perdedor como un objeto, desaparecía el ser pensante y predominaba el vencedor que se sentía superior como especie.

En Grecia a.n.e. ya existían rasgos xenófobos, Platón en sus escritos daba sobrevaloración a la «polis», de la propia cultura en detrimento de las otras. A través de la historia se ha manifestado xenofobia entre las civilizaciones, así surge el antijudaismo, el racismo contra las etnias europeas, americanas, el racismo colonial y neocolonial europeo en África y la repulsa a los gitanos fundamentalmente; muchos ejemplos pudieran citarse.

El mundo no es una serie de sectores incomunicados, la migración es uno de los fenómenos sociales más destacados, lo cual ha posibilitado la evolución del hombre, así como el desarrollo de los sentimientos xenófobos y racista en todas las regiones del orbe. Se emigra por diferentes razones: hambre, guerra, pandemias, terrorismo, desarrollo personal o grupal. El racismo y la xenofobia en muchos casos se convierte en las consecuencias.

En nosotros han coexistido diferentes prototipos: negativo y positivo; desarrollándose en seres humanos la racionalización y contención del sentimiento xenófobo, el miedo al diferente, que podría ser innato o no, quizás como reminiscente de nuestra historia evolutiva o como resultado de los procesos de opresión de los vencedores y vencidos y explotadores y explotados.

Las diferentes formas del dominio de los imperios antes y después de nuestra era, el movimiento de las cruzadas, los enfrentamientos entre los diferentes grupos de nativos ancestrales, desarrollaron una especie de xenofobia y racismo que era justificado por los vencedores.

La primera mitad del siglo XX, fue especialmente trágica con el exterminio de millones de personas entre la primera y segunda guerra mundial, en muchos casos justificado por la xenofobia y el racismo. Se suponía que con la victoria sobre el fascismo se enterrarían estos dos fenómenos. La realidad es que los movimientos nazis, neonazis, racistas y xenófobos han persistido, y reaparecen con mayor fuerza en los momentos de crisis.

En Europa una vez más, los brotes de xenofobia y racismo empezaron en los años 80, bajo la sombrilla de los partidos de ultraderecha y de la prensa sensacionalista. Con la caída del campo socialista la mayoría de los países que lo conformaban pasaron a ser ciudadanos de segunda o tercera clase cuestión que se extendió hasta el siglo XXI.

La creación en 2007 del Grupo Identidad, Tradición, Soberanía (ITS) en el Parlamento Europeo permitió que se asociaran los partidos ultraderechistas y racistas de Austria, Bélgica, Francia e Italia, así como los de Bulgaria y Rumania.

Los partidos fascistas tradicionales de derecha han optado por moderar su mensaje y el perfil de sus simpatizantes y crear un fascismo edulcorado. Los que antes eran partidos puramente fascistas son ahora partidos populistas de derecha cuyos adeptos constituyen un arcoíris que engloba desde personas de ideología fascista, racista, xenófobas y los blancos alienados de clase trabajadora.

El pueblo africano lleva sobre sus espaldas más de medio milenio de racismo y xenofobia. Grandes cantidades de individuos fueron arrancados de sus hogares por las grandes potencias para que sirvieran de esclavos en otros países, principalmente hacia América.

Entre los albores del siglo XVI hasta el siglo XIX, las potencias de entonces: Inglaterra, Francia, España, Portugal, Holanda, transportaron de África fundamentalmente de Angola, Senegal, Gambia, y Sierra Leona, alrededor de 15 millones de negros esclavos para las Américas.1 ,2

No hay cifras exactas sobre las víctimas de las atrocidades cometidas. Expertos estiman que entre los siglos XVI y XIX un total de cien millones de personas fueron deportados o murieron durante la deportación. Esta cifra se refiere al tráfico total (occidental y oriental), contando también los muertos de las guerras de esclavización.3

Pero una vez alcanzada la independencia, los países africanos en su mayoría han continuado bajo la influencia de sus antiguas metrópolis, influyendo con diferentes manifestaciones en su desarrollo económico político y social. Hoy de forma diferente, pero con una explotación despiadada, con hambruna en muchos países y la presencia de múltiples enfermedades entre ellas el SIDA, que es ya endémica y ha ocasionado millones de muertes.

Después de la segunda guerra mundial, la segregación racial, más conocida como el apartheid, fue un acto vergonzoso para la humanidad en pleno siglo XX, a pesar de las acusaciones permanentes en la mayoría de los foros de organismos multilaterales a la oligarquía blanca y rica y al imperialismo norteamericano.

Gracias a la lucha de su pueblo y solidaridad internacional de varios países, se logró la victoria en la última década del siglo XX. Sudáfrica pudo convertirse en un país libre y se cumplió la Resolución 435 que posibilitaba la independencia de Namibia, Sin embargo, los procesos racistas y xenófobos todavía se desarrollan en el continente bajo el apoyo y financiamiento de las potencias imperialistas fundamentales.

El Medio Oriente ha sido una zona permanente de conflicto. Esta región permanentemente es un volcán de violencia , donde la xenofobia y el racismo es una práctica normal y se caracteriza por las guerras, las sanciones, el terrorismo, la falta de gobernabilidad, el financiamiento de “ revoluciones” por oligarquías, países de la región y el apoyo incondicional de los EUA a Israel como garante regional.

En la región de Asia y Oceanía, desde que muchos países lograron la independencia, el desarrollo de la xenofobia y el racismo ha avanzado de diferentes formas, desde la proyección de los polos de poder hacia los más vulnerables, la diferencias entre regiones y la existencia de diferentes etnias y religiones.

América Latina y el Caribe es una región que ha sufrido y sufre los golpes de la xenofobia y el racismo. Los inicios se remontan al siglo XV con la llegada de los europeos a nuestras costas, primero las víctimas fueron los aborígenes, después los negros esclavos que de África fueron arrancados, dando lugar a la explotación más despiadada que ha sufrido el continente.

El logro de la independencia de los países Latinoamericanos y caribeños no disminuyo las manifestaciones de del racismo y la xenofobia. La existencia de una región de un arcoíris social, donde existen grandes cantidades de pueblos originarios, negros, mestizos y blancos con herencia europea, asiática, ha conllevado también a que los más vulnerables en los estratos sociales sufran la segregación social.

Otro problema que se presenta con los países Latinoamericanos y caribeños, es que hemos sufrido el comportamiento imperial de los EUA hacia nuestros pueblos, usados como traspatio de los gobiernos estadounidenses y las diferentes políticas del imperio, dígase, política de las cañoneras, la política del buen vecino, la doctrina Monroe y otras que están llenas de odio hacia nuestros pueblos, viéndonos inferiores en todos los sentidos. América Latina y el Caribe son ejemplos perennes de la práctica de la xenofobia y el racismo, ya sea por las dictaduras que han pasado y de forma directa y de los gobiernos de los EUA a través de su historia de relaciones.

En el 1790, el Congreso de Estados Unidos de América, decretó la primera Ley de Naturalización, donde establecía la ciudadanía estadounidense solo para las “personas blancas libres”, lo cual fue ratificado por la Corte Suprema en el 1857.

Pero no fueron los negros los únicos que fueron víctimas de la xenofobia del naciente Estado, muchos inmigrantes europeos blancos en diversas etapas fueron víctimas de la xenofobia como resultado de su origen nacional, irlandeses, franceses y alemanes, judíos, italianos, eslavos, fueron despreciados por no ser anglosajones.

Desde los orígenes de la colonización estuvo presente la discriminación a las poblaciones indígenas, llevada al punto del exterminio masivo, los supervivientes fueron concentrados en reservaciones hasta el día de hoy. Al igual que los de origen asiático, hasta el 1940 no podían optar por la ciudadanía estadounidense.

También desde el siglo XVI con la conquista por los españoles territorios norteños comenzó el desarrollo del racismo en los futuros Estados Unidos de América los cuales llegaron al país como fruto de la inmigración forzada en condición de esclavos desde África, la cual llegó a ser la más nutrida del mundo.

El racismo y la xenofobia tienen su causa fundamental en la necesidad de los grupos dominantes de segmentar la sociedad y estimular diferencias que limiten las posibilidades de articulación política de las clases subalternas, algo particularmente funcional en Estados Unidos, debido a su extraordinaria heterogeneidad social.

No hay nada novedoso en las políticas contra los inmigrantes de Donald Trump, sino una reversión a la más primitiva xenofobia para justificarlas, asumiendo como propios los presupuestos más groseros de los ideólogos de la supremacía blanca. El Ku Klux Klan es un ejemplo de esto.4

En los países europeos y en los EUA, tradicionalmente han sido, y son, las formaciones de extrema derecha las que alimentan y promueven el sentimiento de xenofobia, debido al creciente fenómeno migratorio, los conflictos interculturales derivados de su mala gestión y la crisis económicas.

Sin embargo, la «Convención sobre racismo y xenofobia de la ONU, define estos fenómenos como:

“Toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública”. (Artículo 1º de CER)5

Numerosos Estados tienen tipificadas como delito las conductas racistas y xenófobas. Por ejemplo, la Unión Europea aprobó, en septiembre de 2008, una ley contra el racismo y la xenofobia, teniendo los países miembros un plazo de dos años para adaptar sus legislaciones a esta ley.

La realidad del racismo y la xenofobia en tiempos de la COVID-19

No escapa un área geográfica, donde hoy día no aparezca la práctica de racismo y xenofobia. La pandemia del coronavirus ha sido una justificación para acelerarla, al politizar la COVID-19 se llegó más rápido al desarrollo del racismo y la xenofobia en este contexto.

El Secretario General de las Naciones Unidas , Antonio Guterres, dijo que “la pandemia sigue desatando una oleada de odio y xenofobia, buscando chivos expiatorios y fomentando el miedo” e instó a los gobiernos a “actuar ahora para fortalecer la inmunidad de nuestras sociedades contra el virus del odio”.6

Algunos líderes y funcionarios gubernamentales y partidistas de EUA, Reino Unido, Italia, España, Grecia, Francia, y Alemania entre otros han alentado directa o indirectamente los crímenes de odio o las muestras de racismo y xenofobia mediante el uso de una retórica antichina y han aprovechado la crisis de la COVID-19 para impulsar teorías de conspiración antiinmigrantes, a favor de la supremacía blanca, ultranacionalistas, antisemitas xenófobas que demonizan a refugiados, extranjeros, personas destacadas y líderes políticos.

Desde el estallido de la pandemia, las personas asiáticas y de ascendencia asiática han sido blanco de lenguaje despectivo  en los medios y así como en las plataformas, donde el discurso  de odio relacionado con la COVID-19  también se ha propagado ampliamente.

“El racismo y los ataques físicos contra las personas asiáticas y de ascendencia asiática se han propagado con la pandemia de COVID-19, y los líderes gubernamentales deberían actuar con decisión para abordar la tendencia”, dijo John Sifton , director de incidencia de Asia de Human Rights Watch. “Los gobiernos deberían tomar medidas para ampliar el alcance público, promover la tolerancia y contrarrestar el discurso de odio mientras investigan y procesan enérgicamente los delitos de odio”. 7

El comité de la ONU responsable de supervisar el cumplimiento de la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial, ratificada por 182 países, ha recomendado que los gobiernos adopten “planes nacionales de acción contra la discriminación racial”. Los planes deberían establecer enfoques específicos para combatir el racismo y la discriminación, desde una mayor vigilancia de los delitos de odio hasta mensajes públicos y programas educativos que fomenten la tolerancia. Los gobiernos deberían tomar medidas urgentes para adoptar nuevos planes de acción para abordar la ola de racismo y xenofobia provocada por el COVID-19.

El uso del término “virus chino” por parte del presidente de EE.UU., Donald Trump, y el uso de “virus de Wuhan” por parte del secretario de Estado Mike Pompeo pueden haber propiciado el uso del discurso de odio en EUA, al mismo tiempo, no han tomado ninguna medida gubernamental específica para la protección de las personas asiáticas y de ascendencia asiática.

El gobernador de la región italiana de Véneto, uno de los primeros epicentros de la pandemia, dijo a periodistas en febrero que el país gestionaría mejor el virus que China debido a la “higiene que tiene nuestro pueblo (…) los ciudadanos italianos, la formación cultural que tenemos, de ducharnos, lavarnos, lavarnos muy a menudo las manos (…), mientras que todos hemos visto los videos con chinos que comen ratas vivas”. Posteriormente se disculpó.8

El ministro de educación de Brasil ridiculizó a los chinos en un tuits sugiriendo que la pandemia era parte del “plan de dominación mundial” del gobierno chino. 9

Brasil ocupa el 2do país de mayor contagio en América Latina, la mayoría de las víctimas del virus son personas que no tienen la posibilidad de luchar contra él, aquellos que radican en las comunidades de los pueblos originarios y que no se le posibilita a veces tener una muerte honorosa. Eso también es racismo y xenofobia.

La mayoría de los pueblos latinoamericanos y caribeños sufren la misma suerte, donde los gobiernos han preferido poner por encima de la atención a la vida, el comercio las finanzas para otros fines y no para curar pueblos enteros donde más del 70 y 80% no tienen la posibilidad de acceder a la prevención y cura.

La intensificación de la retórica racista ha coincidido con un aumento en los ataques racistas. Desde febrero, las personas asiáticas y de ascendencia asiática en todo el mundo han sido víctimas de ataques y palizasacoso violentoamenazasinsultos racistas y discriminación  vinculados a la pandemia.

En Italia, el grupo de la sociedad civil Lunaria ha recopilado desde febrero más de 50 denuncias y noticias en los medios sobre agresiones, insultos, acoso y discriminación contra personas de ascendencia asiática. Organizaciones de derechos humanos y otros grupos en FranciaAustralia y Rusia también informaron a Human Rights Watch sobre ataques y casos de acoso a personas de ascendencia asiática en relación con el COVID-19. 10

En el Reino Unido, personas asiáticas han sido golpeadas en la cara y han sido blanco de burlas y de acusaciones de propagar el coronavirus. Dos mujeres atacaron a unas estudiantes chinas en Australia: golpearon y dieron patadas a una de ellas y les gritaron “vuelvan a China” y “malditas inmigrantes”. Dos hombres golpearon a un joven estadounidense de origen chino en España hasta dejarlo en coma durante dos días. Un hombre con un cuchillo atacó a una familia birmana en Texas.11

En África se han reportado incidentes de discriminación y ataques contra personas asiáticas acusadas de ser portadoras de coronavirus, así como extranjeros en general, en KeniaEtiopía y Sudáfrica12

En algunos casos, los gobiernos han impuesto estrictas cuarentenas que afectan indiscriminadamente solo a los trabajadores extranjeros sin proporcionar atención médica adecuada, asistencia financiera ni otros servicios que muchos necesitan ahora para sobrevivir. A principios de mayo, las autoridades de Malasia llevaron a cabo redadas en masa para detener a refugiados y trabajadores inmigrantes, sugiriendo sin fundamento que la comunidad inmigrante y los refugiados rohingya  fueron responsables de la propagación del COVID-19. 13

La discriminación no se ha limitado a las personas de origen chino. En India y Sri Lanka, donde los líderes han hecho poco para contener la creciente discriminación contra los musulmanes, de los últimos años se han reportado numerosos ataques e incidentes de discriminación aparentemente relacionados con el COVID-19 contra personas musulmanas. En Myanmar, los líderes ultranacionalistas han utilizado la pandemia para justificar las amenazas y el discurso de odio contra los musulmanes.

Casos específicos por algunos países

Estados Unidos

Infografía: TeleSur

No son solo los chinos los agredidos de acción o de palabra. El racismo sigue aumentando contra los negros, inmigrantes y musulmanes al mismo tiempo los más desposeídos, los pobres, también han sido segregados de la vida prácticamente al no tener posibilidades para poder salvarse de la COVID-19.

En tal sentido vale la pena recordar la teoría demográfica del Malthusianismo, desarrollada por el economista británico Thomas Malthus (17661834) durante la revolución industrial, según la cual el ritmo de crecimiento de la población responde a una progresión geométrica, mientras que el ritmo de aumento de los recursos para su supervivencia lo hace en progresión aritmética. Por esta razón, de no intervenir obstáculos represivos (hambre, guerras, pandemias, etc.), el nacimiento de nuevos seres aumentaría la pauperización gradual de la especie humana e incluso podría provocar su extinción -lo que se ha denominado catástrofe malthusiana. Frente a la COVID 19 muchos países han sufrido este enfoque. De alguna manera la situación en España, Italia, Brasil, Ecuador y Estados Unidos ha evidenciado esta realidad. La presencia del racismo y de la xenofobia es parte de este plan.14

Reino Unido

A principios de mayo, Sky News informó que los datos que había obtenido a través de solicitudes bajo la Ley de Libertad de Información a varios cuerpos de policía regionales del Reino Unido revelaron al menos 267 crímenes de odio contra personas asiáticas registrados en todo el país entre enero y marzo. En muchas jurisdicciones, las cifras de los primeros tres meses de 2020 fueron más altas que el total de todo 2018 o 2019. Las cifras de la Policía de Transporte Británica entre enero y marzo, por ejemplo, muestran cómo los incidentes de delitos de odio contra las personas asiáticas coinciden con el número total de denuncias durante todo 2019. 15

Australia

Una encuesta centrada en el racismo relacionado con el COVID-19 contra personas asiáticas y asiático-australianas registró 178 incidentes durante las primeras dos semanas de abril en todo el país. La encuesta, realizada por el grupo comunitario Asian Australian Alliance, ha recibido cerca de 12 reportes al día desde el 2 de abril, desde insultos raciales hasta agresiones físicas. La mayoría de los incidentes racistas denunciados –el 62 por ciento— fueron contra mujeres. La Comisión de Derechos Humanos de Australia también ha registrado un aumento en las quejas sobre ataques racistas. La Universidad Nacional de Australia creó un “censo de prejuicios” para recopilar mejor cualquier información sobre el aumento de los incidentes relacionados con el COVID-19. 16

El primer ministro Scott Morrison ha criticado los ataques racistas relacionados con el COVID-19 diciéndoles a los australianos que “ya basta”. Alan Tudge, ministro interino de Australia para asuntos de inmigración y multiculturales, también condenó enérgicamente el auge en los ataques racistas, y un miembro del parlamento laborista, Andrew Giles, y otros líderes de la oposición han pedido al gobierno que reinicie una campaña nacional contra el racismo17

India

Las redes sociales y los grupos de WhatsApp se vieron inundados por los llamados al boicot social y económico de los musulmanes, incluso por parte de miembros del partido nacionalista hindú Bharatiya Janata (BJP). También se han producido varios ataques físicos contra musulmanes, incluidos voluntarios que distribuían material de socorro, en medio de mentiras que los acusan de propagar el virus deliberadamente.

El discurso de odio contra los musulmanes parece haber aumentado después de que las autoridades indias anunciaron que un gran número de musulmanes habían dado positivo por COVID-19 después de asistir a una congregación religiosa masiva en Delhi, organizada por el movimiento misionero islámico internacional Tablighi Jamaat. Los funcionarios de BJP avivaron las llamas refiriéndose a la reunión de Jamaat como un “crimen talibán” y “Coronaterrorismo”. Algunos medios de comunicación dominantes que apoyan al BJP han utilizado términos como #CoronaJihad, provocando que el hashtag se volviera viral en las redes sociales18

Sri Lanka

Varios funcionarios del gobierno han hecho comentarios públicos estigmatizantes sobre la comunidad musulmana minoritaria de Sri Lanka en el contexto de la pandemia, conforme surgían las noticias de incidentes de discursos de odio en todo el país. Esto incluye las afirmaciones de que los musulmanes son responsables de propagar deliberadamente la pandemia, junto con los llamados a boicotear a las empresas musulmanas. Varias organizaciones musulmanas escribieron al gobierno el 12 de abril para dirigir la atención sobre el aumento de incidentes de discurso de odio en Sri Lanka. 19

El nuevo coronavirus ha constituido una salida de los más poderosos para legitimar los problemas de xenofobia y racismo en aquellas sociedades que son multiétnicas, donde existen gran cantidad de inmigrantes, comunidades de pueblos originarios y hombres, mujeres y niños negros o asiáticos.

Conclusiones

Seis meses casi ha pasado desde la aparición declarada del paciente 0 de la COVID-19. Algunos países han ido eliminando o controlando casi de forma segura la aparición de nuevos pacientes del virus y la letalidad del mismo. El resto del mundo batalla por salvarse de esta pandemia.

El llamado de la OMS a buscar unidad para luchar y vencer este coronavirus, se enlentece cada vez más en muchas conciencias decisoras de política. Gran parte de los gobiernos colocan la economía y el comercio por encima de las vidas de las personas, otro grupo de países han intentado la cooperación y les ha dado resultado, y para otros la solidaridad sin límite sin exigencias ha sido la carta de triunfo.

No obstante, hay un grupo numeroso donde el egoísmo ha primado en su actuación, así como la aplicación de sanciones hacia otros países en plena pandemia, sin importarles niños, mujeres y ancianos.

La Covid-19 está en más de 182 países, lleva cerca de 6 meses de existencia, han muerto miles de personas en todo el mundo y millones de infestados. Sin embargo, el racismo y la xenofobia “modernos”, en realidad han estado presentes a lo largo de toda la historia de la humanidad, acrecentándose con el desarrollo de un nacionalismo cruel y un neoliberalismo sin comparación por el nuevo tipo de explotación de los pueblos en acciones internas y externas.

Si, es necesario luchar contra la pandemia del nuevo coronavirus, hay que cooperar de buena voluntad y con solidaridad, pero es necesario recordar que, en todos los rincones del planeta, existen enfermedades endémicas y letales que aún no se han resuelto como consecuencia de la explotación y el neocolonialismo que ha engendrado la xenofobia y al racismo, estos dos flagelos son también una pandemia de la humanidad.

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